miércoles, 25 de mayo de 2016

Relato - Sonrisa en las tinieblas

La oscuridad inundaba mis ojos, desconocía el lugar donde me encontraba. Iba caminando, muy lentamente y con esfuerzo, ya que el suelo de aquel lugar estaba cubierto de una sustancia muy densa, pegajosa y húmeda que me impedía avanzar.
De repente, oí detrás de mí un sonido como de unos pasos pausados en la lejanía y con el ruido de aquellos pasos me llegó a mi olfato un olor repelente y nauseabundo, un olor que no pude relacionar con ningún otro olor que oliese antes.
Los pasos se hacían cada vez más cercanos a mí, y a medida que el sonido de pisadas aumentaba, también lo hacía la intensidad de esa putrefacta esencia. Sentí el terror recorrer cada fibra de mi ser. Yo quise correr, pero no podía. La condición de aquel asqueroso suelo me impedía correr, era como si mis pies estuvieran pegados a él.
Me paré en seco, era inútil correr. Lo que sea que me estuviera persiguiendo se paró, echándome su húmedo, cálido y pútrido aliento en la nuca. Estaba claro que esa cosa se alimentaba de mi miedo, disfrutaba verme aterrado.
Sin previo aviso, reuní todo el coraje y me giré bruscamente. Lo que vi jamás podría olvidarlo. Una  espantosa sombra humanoide de dos metros de estatura me miraba con unos penetrantes e infernales ojos rojos, parecía como si estuviera viendo a través de mi alma; pero lo peor no era eso. En el rostro de ese ser se dibujó una dantesca y sádica sonrisa de dientes afilados como cuchillas.
Me desperté en mi cama, todo mi cuerpo estaba cubierto por un sudor frío. Mi mirada se fijó en el techo y suspiré aliviado. «Solo era una pesadilla» pensé; hasta que dirigí la mirada a los pies de mi cama.
Aquella siniestra sombra negra estaba ahí parada, mirándome con aquella mirada rojiza y con aquella perturbadora sonrisa. Cerré los ojos fuertemente y busqué el interruptor de la luz. La luz de mi lámpara iluminó todo mi cuarto y aquella figura había desaparecido.
Me gustaría pensar que esa sombra fue sólo una horrible ilusión óptica, pero las ilusiones ópticas no dejan un putrefacto y nauseabundo olor en el lugar donde aparecen.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Relato - Lo siento

Nunca quise llegar a esto. Nunca quise tener las manos manchadas de ti. Creí que algún día todo volvería a ser como antes y seríamos felices de nuevo, craso error.

Debí darme cuenta aquel día en el que llegué tarde y casi me dejas por primera vez, pero hasta ese momento todo había sido tan bonito, que nadie prevería que todo fuese a ir a peor.

A aquella vez le siguieron más, siendo cada una más absurda que la anterior, empezando por llegar tarde y acabando por no tener dinero suficiente para comprar un helado. Sin embargo, poco rato después me llamabas llorando y me pedías perdón, a lo que yo, ingenuo de mí, lo dejaba estar, pues pensaba que un fallo lo tenía cualquiera.

Las muestras de cariño comenzaron a disminuir. Los besos que tanto te gustaban en un principio fueron reemplazados por bocados para que parase, pues decías que te agobiaba, haciéndome a veces sangre, aunque nunca lo dijese. Dejé de escribir aquellas poesías que hicieron que te enamorases de mí y que ganaron un premio en el concurso del instituto, pues decías que era demasiado empalagoso, aunque delante de los demás alardeabas de lo dulces que eran.

Poco a poco dejamos de salir con amigos para salir solos. En un primer momento me encantó, pues pensé que así tendríamos más tiempo para nosotros, pero lo que no sabía era que lo peor estaba por llegar.

El primer bofetón nunca se olvida. Era el día de Navidad, nos quedamos solos jugando a la segunda parte de Paper Wario, y justo cuando estábamos apunto de pasar la primera pantalla del último mundo, me mataron. Acto seguido me pegaste, y esta no sería la última vez que lo harías.

Cualquier cosa que no se ajustase a tu manera de actuar era propicia para ganarme un bofetón, a veces bastaba con levantar la mano, pegándome solo cuando decías que me lo merecía de verdad, pues según tú, lo hacías por mi bien.

Más tarde comenzaste a hacerlo en lugares públicos. Sabías que no pasaría nada, pues cada vez que lo hacías la gente se limitaba a vernos y a reírse, incluso a veces me llamaban nenaza o mariquita y te animaban a que me pegases más. Esto me molestaba muchísimo, pues si hubiese sido una chica no habrían dejado que eso pasase, pero por desgracia había nacido con el género equivocado.

El sexo tampoco era un tema ajeno a esto, usando en este caso el chantaje emocional para hacerlo cada vez que te apetecía, sin tener en cuenta si yo quería o no. Todavía recuerdo aquel día en el que estábamos en tu casa y al ver que no quería, se lo dijiste a tu hermano, el cual acto seguido empezó a burlarse de mí, diciendo que si no era lo suficientemente hombre para tirarme a su hermana, de modo que tuve que demostrarle que no era así.

Tanto te reías de eso que poco a poco comencé a obsesionarme con dicho tema, y en consecuencia entré en una depresión de la cual no me he recuperado a día de hoy, aunque desde que fui al doctor Nobody, el psiquiatra que encontré en aquel panfleto rosa chillón, parecía ir algo mejor.

Me planteé dejarte un par de veces, pero pensé que nadie sería capaz de sentir afecto por mí, si ni yo mismo lo sentía. De hecho, no sentía como propia aquella mirada vacía.

Mis amigos me lo dijeron miles de veces, pero yo pensaba que volverías a ser la que eras, así que no les hice caso. Sin embargo, esta mañana me di cuenta de que esa imagen era una falsa ilusión formada en mi cabeza.

Habías venido temprano, llevabas el pelo recogido en una cola de caballo. Te notaba más seria que de costumbre, y me dijiste que teníamos que hablar.

Nos sentamos en el sofá y comenzaste a decirme que no podíamos seguir juntos, pues te habías dado cuenta de que me habías hecho demasiado daño. No podía creerlo, había hecho todo cuanto me pedías, así que no entendía porque esto llegaba a su fin.

Rompí a llorar, y entre sollozos te pedí que te quedases conmigo. No quería que lo único que me quedaba se fuese de mi lado. Esto te molestó muchísimo, y tuviste que soltar esas palabras: "¡¿Por qué lloras, maricón de mierda?!". Enfurecido y llorando te dije que no lo estaba haciendo, a lo que me dijiste que eso era lo que debía hacer, echarle narices y no llorar tanto.

Ese fue el momento en el que desapareció la poca cordura que me quedaba. Me fui con paso firme a la cocina, cogí el cuchillo de trinchar la carne y me dirigí a ti sin pensarlo dos veces. Tenías que pagar por todo lo que habías hecho. Intentaste escapar, pero te cogí del pelo y te tiré al suelo.

Los llantos y los gritos del dolor dejaron paso al silencio y al sonido del cuchillo clavándose repetidamente en tu pecho. Quería parar, pero no podía. Melvin Burst necesitaba saciar su sed de justicia, así que te apuñalé hasta que mis manos se quedaron sin fuerzas. Lo siento, cariño. Nunca quise llegar a esto.

Fotocopia de la nota encontrada en el cuerpo de la víctima

Experimento 65
Resultado: FALLIDO

sábado, 7 de mayo de 2016

Relato - La extraña criatura del bosque

Aquella extraña sombra saltaba de árbol en árbol con una velocidad increíble, mientras  soltaba esa extraña risa, «jijujuji». El pequeño Gaal apenas podía seguirla con la vista. Finalmente, la criatura saltó al suelo y se detuvo. Estaba mirando fijamente al niño con aquellos enormes ojos felinos verdes y aquella gran sonrisa de dientes afilados, manchados en sangre.
Gaal creía que estaba perdido, que esa enigmática criatura lo mataría y pasaría a formar parte de las demás almas errantes de los niños que se atrevieron a internarse en el bosque de noche. Sin embargo, aquella sombra sonriente hizo algo que Gaal nunca imaginó: comenzó a hablar.
— ¡Ho-la! —dijo la criatura con una voz infantil—. ¿A qué se debe tanto llanto?
La criatura saltó un par de veces hacia adelante, dejando que la luz de la luna  revelara su verdadera forma. Era un animal misterioso, podía caminar a dos patas como un mono, pero con características propias de un felino. Su pelaje era negro. Tenía unas enormes orejas puntiagudas, alargados bigotes y grandes ojos verdes, propios de un felino. También poseía una alargada y peluda cola anillada de color gris y negro, con un  espeso mechón negro en la punta. Sus patas tenían pequeñas garras y en una de sus patas delanteras (que más que patas eran manos) llevaba una ardilla medio devorada, con sangre aun goteando. Eso explicaba la sangre en su gran sonrisa de colmillos afilados.
Al ver que Gaal no decía nada, el pequeño animal terminó de devorar la ardilla medio comida y  siguió hablando.
—Yo me llamo Txiligro. Tú eres un cachorro de la aldea humana, ¿verdad? ¿Cómo te llamas?
—Gaal —dijo el muchacho mientras se secaba las lágrimas—. M-me llamo Gaal.
Txiligro empezó a brincar y saltar alrededor del niño, mientras soltaba esa risa que lo caracterizaba.
— ¡Genial! —exclamó Txiligro con alegría—. Siempre quise hacerme amigo de un cachorro humano, jijujuji. Y dime, Gaal, ¿qué haces deambulando en este bosque de noche?
—Yo estaba buscando materiales que me había pedido el druida de la aldea cuando…
Gaal no pudo terminar la frase. Lágrimas empezaron a cruzar sus mejillas y rompió a llorar con intensidad. Esta reacción inquietó y preocupó al pequeño Txiligro. Se acercó cuidadosamente al niño y le dio unas palmadas en el muslo.
—Gaal ¿te pasa algo, amigo? ¿Te duele algo? —preguntó Txiligro preocupado por su amigo.
El joven muchacho poco a poco cesó de llorar, su expresión se  volvió triste y melancólica.
—Me he perdido —dijo Gaal sollozando—. Nunca volveré a mi aldea, y si vuelvo, volveré con la lista de ingredientes incompleta. No sé cómo conseguir una rama de secuoya. La rama de secuoya debe de tener semillas y no puedo recoger las ramas caídas al suelo. La secuoya es un árbol demasiado alto y yo no puedo trepar tan alto. Nunca lo conseguiré.
Tras decir esto, el niño volvió a romper en llanto. El pequeño animal, que ahora se consideraba su nuevo amigo se le subió al hombro, y dijo:
—Yo te puedo ayudar. ¡Soy el mejor trepador de árboles del bosque! Yo puedo subir a lo más alto del árbol y conseguir esa rama de secuoya.
— ¿De verdad? —dijo Gaal secándose las lágrimas.
Txiligro saltó del hombro del niño al suelo y dijo con una gran sonrisa.
— ¡Por supuesto! Eres mi nuevo amigo ¿verdad?
—Gracias, Txiligro —dijo Gaal sonriendo—. Ojalá yo pudiese hacer algo por ti… ¡Oh! Ya sé.
El niño sacó de la vaina de cuero que llevaba del cinturón un pequeño y extraño  tubo de madera con orificios. Txiligro se acercó movido por la curiosidad.
— ¿Qué es, Gaal? ¿Qué es¿ —preguntó Txiligro con mucha curiosidad e impaciencia.
—Es una flauta. Cuando la uso puedo crear música
El pequeño nuevo amigo de Gaal empezó a brincar entusiasmado e impaciente por ver que hacía ese extraño objeto que llevaba su amigo.
— ¡Úsala, úsala! —dijo Txiligro entusiasmado.
Gaal se puso la boquilla en sus labios y comenzó a soplar mientras sus dedos danzaban en los orificios de la flauta. Una alegre melodía inundó aquel claro donde estaba él y Txiligro, su pequeño nuevo amigo, empezó a brincar y bailotear alrededor de Gaal, movido por aquella jovial y alegre melodía que producía el instrumento de viento. Después de un momento, el muchacho paró de tocar la flauta.
— ¡Me encanta! ¡Es asombroso, amigo mío! Jijujuji.
—Sí que lo es. Me la fabricó el druida de la aldea… ¡Oh! —exclamó Gaal, como si hubiese recordado algo—. Tengo que ir a por la rama de secuoya. ¿Me ayudarás, Txiligro?
— ¡Claro! Yo siempre ayudo a mis amigos. Vamos, sígueme. Sé dónde está la Secuoya Milenaria.
Y con esto, Gaal y su nuevo  amigo, Txiligro, se internaron en lo más profundo del bosque. Hacia la gran Secuoya  Milenaria, a por el último ingrediente de la lista del misterioso druida Refireo.

lunes, 25 de abril de 2016

Relato - Adiós, mamá. Adiós, papá. Hasta siempre

Queridos Papá y Mamá:

Perdonadme por hacer esto, pero sabía que una vez que hiciese lo que debía hacer, no habría vuelta atrás. Seguramente os preguntéis porqué, pues últimamente, todo parecía ir un poco mejor, estaba más centrado en el instituto, se respiraba un ambiente más tranquilo en casa, mis episodios de insomnio habían disminuido, incluso había empezado a salir con Rose, la hija de los vecinos del cuarto y de la que siempre había estado enamorado, pero nada más lejos de la realidad.

Como descubristeis hace dos meses, llevo desde que entré al instituto sufriendo acoso escolar, pero, lo que os he contado, solo es una mínima parte de esa cámara de tortura a la que tenía que asistir cinco días a la semana.

Esta pesadilla empezó unos meses antes de acabar sexto de primaria. Jake, el gracioso de la clase y al que yo consideraba mi amigo, empezó a llamarme con un mote al que en un primer momento no daba importancia. Lo consideraba algo irrelevante, es más, cuando el resto de compañeros también dejaron de llamarme Ernest para llamarme Sombra, les seguía la corriente, cuando cantaban esas canciones en las que me llamaban por mi mote, yo también las cantaba, pues en un primer momento hasta me resultaban graciosas, pensaba que sería algo pasajero, y se acabarían cansando, qué gran error.

Poco tiempo después llegó Septiembre y, con ello, el cambio del colegio al instituto. Allí coincidí con algunos compañeros de clase y, al ser un sitio desconocido para nosotros, nos apoyamos en aquellos que conocíamos para adaptarnos al cambio de lugar, lo que me hizo creer que me iban a tratar como a alguien más, pero simplemente había sido una tregua.

De repente Bastian, uno de los que era para mí de mis mejores amigos en el colegio, empezó a juntarse con Eric y Lamar, dos chicos que estaban repitiendo curso. Estos eran los payasos de clase, y un día, mientras esperábamos al profesor que nos tocaba en aquella clase, Bastian comentó en voz alta el mote que tenía en el colegio. Para mi desgracia, este mote les hizo mucha gracia, y cada vez que podían hacían alguna referencia a este, incluso comenzaron a comentarlo con gente de otras clases. Tanto se divulgó que, poco tiempo después, medio instituto me llamaba así, incluso ni gente que conocía.

Lo peor vino cuando empezaron a pegarme. Un día en el recreo estábamos jugando al fútbol y fallé un pase, lo que cabreó bastante a Bastian. Entonces, se acercó a mí y me dio un cabezazo, para que, según él, “estuviese más atento a la próxima”. Al ver que no respondí a lo que hizo, lo volvió a hacer cada vez que se enfadaba con alguien. Un día casi me parte la nariz por sacar más nota que él en un examen.

Pensé varias veces en pediros que me cambiaseis de instituto, pero ni siquiera tenía fuerzas para ello. El curso pasaba, y me seguía juntando con el grupo de Bastian y sus amigos, a los que en un principio les caía bien, pero luego empezaron a tratarme igual que él. Pensé en aquel entonces que si lo hacían debía ser porque había hecho algo mal y que tenía que pagar por ello hasta que me perdonasen, aunque no sabía porqué. Más tarde Dylan, el chico que siempre iba con Bastian, me contaría lo que decía de mí a mis espaldas, lo que me cabreó bastante, así que fui a pedirle explicaciones.

Al día siguiente, justo antes de que viniera el profesor con el que teníamos la primera clase de la mañana, fui a hablar con él. Una vez que lo vi, me dirigí a él con una mezcla entre rabia y miedo. Comenzamos a discutir y a gritos le dije que esa sería la última vez que hacía eso, que si tenía algo que hablar conmigo lo hiciese a la cara. Sin embargo, se quedó bastante sorprendido y, entre risas, lo comentó con el resto de compañeros, que simplemente se limitaron a darle la razón, así que no sirvió para nada. Bueno sí, para llevarme varios puñetazos que me dejaron un gran moratón en el estómago, aunque esto ya lo sabíais, pues fue un par de días más tarde cuando, movido por la desesperación, acudí a vosotros.

Recibí gran ayuda por vuestra parte, y eso es algo que nunca podré dejar de agradecer. Expulsaron a Bastian un tiempo, obligaron a Dylan y los demás a pedirme perdón y fueron amonestados y, siguiendo el consejo de Eve, la psicóloga del instituto, me llevasteis a la consulta del Doctor Nobody. La medicación que me mandó me ayudó bastante, incluso comencé a centrarme más en los estudios.

Todo parecía ir bien pero, hace un par de semanas, mientras iba por la calle, un grupo de muchachos de los cuales solo conocía a uno, empezaron a insultarme. En aquel momento no les hice ningún caso, pero esa noche, mientras volvía a casa, me los encontré de nuevo. Los insultos volvieron a repetirse, y en ese momento me di cuenta de que tenía que empezar a hacerme respetar, no podría tolerar que gente que no conocía me insultase.

Me quité el cinturón y me lo até a la mano, iba dispuesto a pegarle al que no se callaba. En ese momento se dirigió hacia mí y me soltó un par de puñetazos en la cara, con tal mala suerte que los brackets me desgarraron parte de la boca. Ahí fue cuando os llamé para ir a la policía a denunciar a los que conocía, porque no pude ver la cara del que me dio. Pensé que al tener incluso un parte de lesiones acabarían cantando. Ya era hora de que alguien empezase a pagar por lo que había hecho. Sin embargo, la semana pasada llegó una nota del juzgado, pensé que al fin se haría justicia, pero una vez que vi el veredicto, todo se vino abajo.

El caso había sido archivado: ¡Inocente! ¡INOCENTE! ¡¡No habían sido acusados de nada!! ¡Todo lo que había hecho no servía para absolutamente nada! ¡De nuevo había alguien que hacía lo que quisiera conmigo, y de nuevo los culpables no iban a ser castigados!

Debía hacer algo, no sabía cómo, pero algo debía hacer. En ese momento me di cuenta de que Bastian volvía esta semana al instituto. Era el momento perfecto, podría acabar con el que había hecho que este año fuera una pesadilla horrible. Fui al sótano, cogí la pistola que tiene papá y varias balas, pocas pero suficientes para acabar con este virus mortal.

Hoy será el gran día, en el que por fin Ernest Doe hará justicia. Adiós, Papá, Adiós, Mamá. Hasta siempre.

Fotocopia de la nota de suicidio del experimento 89
Resultado: FALLIDO

martes, 19 de abril de 2016

Microrrelato - Última pregunta

— ¿Volverán mis ojos a presenciar otro atardecer tan hermoso como este? — preguntó el reo al encapuchado verdugo, antes de que este dejase caer la pesada y mortal hoja de la guillotina sobre el vulnerable cuello del condenado

domingo, 17 de abril de 2016

Poesía - Lo simple

Simple cielo lleno de la nada
que en silencio cubres la osadía
de los ególatras sin guía,
sumisos de la ignorancia idolatrada.

Tísico árbol tenue y deshojado,
que disimula ante nuestros ojos fervientes,
que baila con el viento impertinente
del nuevo invierno apaciguado.

No alcanza nuestra hipócrita visión
con canicas furiosas y vanas
contemplar la ausencia de ornamentación

Al igual que la mente con canas
se enorgullece de su antipática sumisión,
mientras persuade a las ideas planas.

Rabia que fluye por las venas de una mano,
mano oprimida por el tiempo y la opresión
ejercida por la exánime alma sin aparente razón,
y que hace cómplice al silencio de un hermano.

Silencio expulsado de una voz muda
obligada a estar en el pupitre acosador
y sentada ante el ineficiente orador
que sin pensarlo a la hipocresía ayuda.

Mas persiste el engaño en nuestra visión
con perspicacia y gran tenacidad
como una falsa serpiente actuando con sumisión.

A la vez  la razón observa a la sociedad
que es incapaz con su vana razón
de contemplar a la ajusticiada humildad.

lunes, 11 de abril de 2016

Poesía - Amor carcelero, placeres prohibidos

Desde que no estás,
la tristeza en mi cuerpo se manifiesta,
como un derroche de esmegma.
Te extraño, sobre todo esas noches
de amor en el cuarto de baño.
Quiero tu amor carcelero,
tu flujo de miel, mis ganas de beber,
porque sé que si no me das
me quedo en ná. El jabón sólido cambió,
en líquido se transformó, antes todo se basaba en
una acuosa solución,
pero desde que estás en otro módulo,
todo eso se acabó.
Este blues carcelero va para ti,
mi dulce princeso.

viernes, 8 de abril de 2016

Poesía - Jaqueca racional

Cansados ojos enfurecidos de miedo
son los ojos que poseo en un día verde,
mientras se arrodilla mi infame mente
ante la afortunada jaqueca del dios heleno.

Mas es sabio el claro cielo inmenso
que acoge una pluma amablemente
del alma del gorrión penitente
con vuelo libre y sin miedo.

Mi locura desea rozar los labios
de la señora del árbol aceitunero
para probar la dulzura de los de Olimpo hijo

Quisiera saborear con mi oído austero
la imagen de la razón que envidio
por estar ausente en la ignorancia por completo.

miércoles, 6 de abril de 2016

Relato - Incursión nocturna

Llegó la noche, y el druida Refireo y su pequeño estudiante, Gaal, estaban en la entrada del bosque. A Gaal no le costó que su madre le diera permiso para que él realizara la tarea que Refireo le había mandado, ya que, al igual que su hijo, su madre también fue alumna de Refireo y confiaba bastante en la sabiduría del anciano.
El druida le dio a Gaal una pequeña bolsa de cuero para que llevase en ella todos los ingredientes que tenía que recolectar. El druida le dijo al muchacho:
—Bueno, hijo, ya ha llegado el momento. ¿Tienes la lista con todo lo que tienes que recolectar?
El niño sacó de su bolsillo un pequeño papel y se lo mostró al anciano.
—Así me gusta. Bien, Gaal… —Refireo se fijó en la cintura del muchacho y vio una pequeña funda de cuero que le colgaba del cinturón que le hizo su madre. Soltó una pequeña risa
— ¡Vaya! Veo que todavía conservas lo que te regalé en tu octavo cumpleaños. ¿Has practicado con ella?
—Sí, practico con ella casi siempre que puedo —dijo Gaal con una gran sonrisa.
— ¡Me alegro! —Dijo Refireo—. Quién sabe…puede que esta noche te sea útil, recuerda que es mágica. Por cierto, Gaal…
El druida sacó un pequeño frasco con un líquido rojizo y traslúcido en su interior. Después se lo ofreció a su joven alumno.
—Tómatelo, seguro que te gusta.
Sin decir nada, el niño tomó el frasco y se lo bebió rápidamente. De repente una gran sonrisa de felicidad se le dibujó en el rostro.
— ¡Caramba! —Exclamó Gaal—. Estaba delicioso, ¿qué era?
—Un brebaje hecho a partir de bayas, para que cumplas esta misión con energía y no te duermas en el bosque. ¡Ni a tu madre ni a mí nos gustaría que te pasase algo malo! Venga, ponte en marcha.
Y así el joven Gaal se adentró en el bosque, sin echar la vista hacia atrás. Cuando el druida lo perdió de vista, este silbó haciendo que apareciera su vieja lechuza. Se posó sobre su hombro.
—Orzuelo —le dijo el viejo druida—. Ve y vigila a Gaal mientras esté en el bosque. Si le pasase algo al chico, nunca me lo perdonaría.
Y con esta orden, la gran lechuza voló en dirección al bosque.
El bosque estaba en penumbra, los árboles se alzaban majestuosos. A medida que Gaal avanzaba por el oscuro y antiguo bosque podía oír el sonido de la naturaleza nocturna: el ulular de los búhos, el correteo por la hierba de los ágiles zorros… Pero, a pesar de estos ruidos autóctonos del bosque, seguía centrado en la tarea que le había sido encomendada; recolectaba lo que el druida le pidió: bayas silvestres, algunas raíces, alguna que otra hoja extraña… No le resultó muy difícil al principio. Sin embargo en la lista aparecían algunos ingredientes que el difícilmente podría conseguir, ya que crecían en los árboles más altos del bosque.
Gaal no sabía qué hacer, le resultaba imposible trepar por los árboles tan altos. «Refireo no es ningún viejo gruñón, seguro que si le explico la situación él me perdonará» pensó Gaal. El chico se dispuso a regresar a la aldea, con la tristeza y el abatimiento de no haber podido cumplir su misión, pero no le resultaba tan fácil como él creía. En su camino de vuelta se percató de que los árboles dibujaban terroríficas sombras con la luz de la luna, sombras que parecían estar acechando a Gaal. Oía el sonido de la espesura agitarse; no era el viento, era como si algún animal estuviera siguiéndolo y acechándolo a través de la espesura. De vez en cuando oía una especie de risa muy aguda en las copas de los árboles «jijujuji». Parecía como si alguien o algo estuviera riéndose de él, burlándose del terrible destino que le esperaba.
El pequeño no pudo aguantarlo más y corrió, corrió por el bosque, tropezándose varias veces en su huida de aquel siniestro lugar y rasguñándose sus rodillas con cada caída. Finalmente vio un claro, no podía correr más así que decidió descansar ahí.
Gaal lloró por su nefasta suerte y su terrible destino. No podía creer que ya nunca volviese a ver a su madre, ni a sus amigos, ni al viejo druida… Moriría presa de cualquier animal salvaje del oscuro bosque y nadie podría encontrarle. No sería el primer habitante de la aldea que sufriría ese destino, muchos niños como él se habían internado en el bosque de noche y jamás salieron. No pudieron encontrar sus pequeños cadáveres, muchos habitantes piensan que fueron devorados por algún depredador como los lobos, la aldea sabía que había una gran manada de lobos sanguinarios en las cercanías del bosque. Por otro lado, los más ancianos especulaban de la existencia de un grotesco y malvado monstruo, que se alimentaba de los niños desobedientes que se atrevían a ir al bosque de noche. También decían que, si se ponía la suficiente atención, se podían oír las almas de los niños llorando y lamentándose por nunca poder regresar a la aldea que los vio nacer, condenados a vagar por siempre, en la oscuridad del bosque.
Se pasó una hora llorando en aquel claro cuando volvió a oír esa agitación en la espesura de los árboles... Y a esa aguda y estridente risa «jijujuji», que parecía estar riéndose burlonamente de él y de la trágica muerte que le esperaba. A pesar de su visión nublada por las lágrimas, pudo ver en la espesura algo que le heló la sangre y lo paralizó de terror.
En la copa de uno de los numerosos árboles, que rodeaban el claro donde se encontraba, pudo ver dos enormes ojos verdes, parecidos a los de un felino, mirándolo fijamente, como acechándolo. Debajo de esos penetrantes ojos se dibujó una brillante sonrisa de colmillos afilados como cuchillas y lo peor… teñida de sangre.

jueves, 31 de marzo de 2016

The Versatile Blogger Awards

Hola a todos, os preguntaréis de que trata esta entrada. Enseguida os lo explicaremos. 

                               

"The Versatile Blogger Award" es una iniciativa que se ha puesto de moda entre los blogs últimamente y ya que hemos sido nominados, que menos que seguir con la tradición. Antes de nada, le damos las gracias a Leila Bentahar, bloggera de http://danzadelfuegooscuro.blogspot.com.es/  y lectora consagrada de nuestro blog. Gracias, Leila :)

Las normas de esta iniciativa son muy sencillas:

   · Darle las gracias a la persona que te nominó
   · Decir 7 cosas sobre el autor o autores del blog
   · Nominar a blogs con pocos seguidores
   · Dejar en su blog un comentario diciendo que los has nominado
   · Nominar a unos cuantos blogs

Y ahora sin más dilación, pasaremos a decir 7 cosas de cada uno de los miembros de Papiros de Guerra. Allá vamos:

                             JASP:

1. Tengo otro blog aparte de este, Inkdreamers. En Papiros de momento solo subo relatos, mi especialidad
2. Siempre tengo muchas ideas, pero poco tiempo para darles forma. Es mi "si-no" del     escritor.
3. En el futuro quiero hacer poesía 
4. Empecé a escribir relatos a los 18 años
5. Mi seudónimo, Jasp, viene por uno de mis personajes, concretamente mi primer   personaje
6. Me gusta innovar en lo que escribo, darle un enfoque diferente a temas muy usados, aunque claro eso solo lo hago en las historias.
7. A parte de escribir, mis aficiones favoritas son leer e investigar mitología

                             SHIRLEY:

1. Mi seudónimo, Shirley, viene por un afán tremendo hacia Shirley Poppy, un personaje de la saga Fairy Oak. En casi todo lo que escribo, la mayoría cosas fatales, encontrarás la palabra "tóxina" a modo de firma.
2. Siento que soy un hada en este mundo gris. Me ahogo. Me gustaría volver a mi hondonada de las hadas algún día.
3. No me dura el mismo color de pelo un mes entero, ADORO LOS COLORES Y, CUANTO MÁS EXTRAVAGANTES, MEJOR.
4. Estoy totalmente enamorada de Japón; de sus anuncios, de su cine, de su historia, de su moda. Me gustaría destacar que soy una apasionada del estilo lolita, esas faldas y esos vestidos son puro arte. Adoró llevarlos.
5. Tengo heterocromía. Mis ojos son verdes y marrones.
6. Soy fotosensible, si me da el sol o algún foco de luz muy potente de forma prolongada, me salen unas heridas horribles... Ser pálida no ayuda mucho tampoco.
7. Al principio intenté que no se supiera el sexo de Shirley, pero ya se me ha escapado algún adjetivo femenino alguna que otra vez por lo que... Si, soy chica.

                           RANDOLPH:

1. Me gusta más la literatura clásica que la literatura actual, de hecho una gran parte de los libros que leo son de autores muertos.
2. Mi género favorito es el terror.
3. Me encanta lo dulce, soy un goloso en lo referente a comida.
4. Adoro a los animales.
5. Odio que me metan prisa.
6. Me encantan los videojuegos, sobretodo en el ordenador.
7. Mi seudónimo, Randolph, viene de Randolph Carter, un personaje creado por uno de los maestros del terror, H. P. Lovecraft.

                           MASACRE:

1. Tengo un grupo de Thrash Metal llamado Kammerjäger, en el cual soy cantante.
2. Mi seudónimo viene de uno que usaba para jugar a los videojuegos online.
3. Me fascina ser politicamente incorrecto, es un tema recurrente en mis composiciones, sean del tipo que sean.
4. Me gusta analizar la muerte desde diversas facetas: el suicidio, los homicidios y las causas de estos.
5. Me gusta usar un trasfondo fatalista en las composiciones.
6. La música extrema es la única que de verdad me llena.
7. Me encantan los relatos y siempre que puedo les doy esa estructura a mis temas. Quiero hacer algo en relatos cortos, ligados entre sí.

                              HIPATIA:

1. Empecé a escribir cuando estaba en primaria.
2. Escribo para conocerme y para salvarme a mí misma.
3. Cuando me publiquen mi primer libro, me consideraré poeta.
4. Evanescence me ha influido de la misma forma que la literatura. Siempre será así.
5. Me fascina el arte, la música y me encanta cultivar mi mente con nuevos conocimientos.
6. Las experiencias más duras me han ayudado a crecer.
7. El humor negro es humor inteligente. Me encanta.

                          JOSÉ ALBERTO:

1. Comencé a escribir nada más empezar a ver la estructura del mundo en su esencia.
2. Me gusta saborear cada línea y cada letra de la literatura.
3. No tengo género literario favorito, todos son especiales para mí a su manera.
4. Me gusta que la gente razone y haga autocrítica de sí misma.
5. Intento ser siempre constante.
6. No me gustan los seudónimos, aunque lo que importa es la persona y no el nombre.
7. Pienso que sin literatura no existiría el ser humano.


Espero que con esos pequeños detalles de nosotros mismos nos conozcáis un poco mejor. Ahora para terminar solo nos queda la lista de nominados, estos son nuestros elegidos:

          · Inkdreamers
         · Los solitarios versos de la luna
         · Letras de plumas negras
         · We are smiles aways from home

Eso es todo, ¡hasta la próxima!