jueves, 31 de marzo de 2016

The Versatile Blogger Awards

Hola a todos, os preguntaréis de que trata esta entrada. Enseguida os lo explicaremos. 

                               

"The Versatile Blogger Award" es una iniciativa que se ha puesto de moda entre los blogs últimamente y ya que hemos sido nominados, que menos que seguir con la tradición. Antes de nada, le damos las gracias a Leila Bentahar, bloggera de http://danzadelfuegooscuro.blogspot.com.es/  y lectora consagrada de nuestro blog. Gracias, Leila :)

Las normas de esta iniciativa son muy sencillas:

   · Darle las gracias a la persona que te nominó
   · Decir 7 cosas sobre el autor o autores del blog
   · Nominar a blogs con pocos seguidores
   · Dejar en su blog un comentario diciendo que los has nominado
   · Nominar a unos cuantos blogs

Y ahora sin más dilación, pasaremos a decir 7 cosas de cada uno de los miembros de Papiros de Guerra. Allá vamos:

                             JASP:

1. Tengo otro blog aparte de este, Inkdreamers. En Papiros de momento solo subo relatos, mi especialidad
2. Siempre tengo muchas ideas, pero poco tiempo para darles forma. Es mi "si-no" del     escritor.
3. En el futuro quiero hacer poesía 
4. Empecé a escribir relatos a los 18 años
5. Mi seudónimo, Jasp, viene por uno de mis personajes, concretamente mi primer   personaje
6. Me gusta innovar en lo que escribo, darle un enfoque diferente a temas muy usados, aunque claro eso solo lo hago en las historias.
7. A parte de escribir, mis aficiones favoritas son leer e investigar mitología

                             SHIRLEY:

1. Mi seudónimo, Shirley, viene por un afán tremendo hacia Shirley Poppy, un personaje de la saga Fairy Oak. En casi todo lo que escribo, la mayoría cosas fatales, encontrarás la palabra "tóxina" a modo de firma.
2. Siento que soy un hada en este mundo gris. Me ahogo. Me gustaría volver a mi hondonada de las hadas algún día.
3. No me dura el mismo color de pelo un mes entero, ADORO LOS COLORES Y, CUANTO MÁS EXTRAVAGANTES, MEJOR.
4. Estoy totalmente enamorada de Japón; de sus anuncios, de su cine, de su historia, de su moda. Me gustaría destacar que soy una apasionada del estilo lolita, esas faldas y esos vestidos son puro arte. Adoró llevarlos.
5. Tengo heterocromía. Mis ojos son verdes y marrones.
6. Soy fotosensible, si me da el sol o algún foco de luz muy potente de forma prolongada, me salen unas heridas horribles... Ser pálida no ayuda mucho tampoco.
7. Al principio intenté que no se supiera el sexo de Shirley, pero ya se me ha escapado algún adjetivo femenino alguna que otra vez por lo que... Si, soy chica.

                           RANDOLPH:

1. Me gusta más la literatura clásica que la literatura actual, de hecho una gran parte de los libros que leo son de autores muertos.
2. Mi género favorito es el terror.
3. Me encanta lo dulce, soy un goloso en lo referente a comida.
4. Adoro a los animales.
5. Odio que me metan prisa.
6. Me encantan los videojuegos, sobretodo en el ordenador.
7. Mi seudónimo, Randolph, viene de Randolph Carter, un personaje creado por uno de los maestros del terror, H. P. Lovecraft.

                           MASACRE:

1. Tengo un grupo de Thrash Metal llamado Kammerjäger, en el cual soy cantante.
2. Mi seudónimo viene de uno que usaba para jugar a los videojuegos online.
3. Me fascina ser politicamente incorrecto, es un tema recurrente en mis composiciones, sean del tipo que sean.
4. Me gusta analizar la muerte desde diversas facetas: el suicidio, los homicidios y las causas de estos.
5. Me gusta usar un trasfondo fatalista en las composiciones.
6. La música extrema es la única que de verdad me llena.
7. Me encantan los relatos y siempre que puedo les doy esa estructura a mis temas. Quiero hacer algo en relatos cortos, ligados entre sí.

                              HIPATIA:

1. Empecé a escribir cuando estaba en primaria.
2. Escribo para conocerme y para salvarme a mí misma.
3. Cuando me publiquen mi primer libro, me consideraré poeta.
4. Evanescence me ha influido de la misma forma que la literatura. Siempre será así.
5. Me fascina el arte, la música y me encanta cultivar mi mente con nuevos conocimientos.
6. Las experiencias más duras me han ayudado a crecer.
7. El humor negro es humor inteligente. Me encanta.

                          JOSÉ ALBERTO:

1. Comencé a escribir nada más empezar a ver la estructura del mundo en su esencia.
2. Me gusta saborear cada línea y cada letra de la literatura.
3. No tengo género literario favorito, todos son especiales para mí a su manera.
4. Me gusta que la gente razone y haga autocrítica de sí misma.
5. Intento ser siempre constante.
6. No me gustan los seudónimos, aunque lo que importa es la persona y no el nombre.
7. Pienso que sin literatura no existiría el ser humano.


Espero que con esos pequeños detalles de nosotros mismos nos conozcáis un poco mejor. Ahora para terminar solo nos queda la lista de nominados, estos son nuestros elegidos:

          · Inkdreamers
         · Los solitarios versos de la luna
         · Letras de plumas negras
         · We are smiles aways from home

Eso es todo, ¡hasta la próxima!

miércoles, 23 de marzo de 2016

Relato - Preparación

En la aldea el ambiente estaba tranquilo. Los niños pequeños estaban jugando  bajo la atenta mirada de sus madres, los niños mayores jugaban y de vez en cuando hacían alguna travesura, los hombres trabajaban  para hacer prosperar la aldea… Lo típico y usual de cada día.
Un chico corría alegremente con algo en sus manos hacía la cabaña más grande y más extraña de la aldea para ver a su amigo. El interior de la cabaña estaba iluminado por unas pocas velas y  en sus estantes estabas puestos diversos frascos de los más variados colores y formas. Olía un olor extraño, pero relajante por los múltiples inciensos.  También había un enorme caldero que rezumaba un líquido burbujeante y humeante de un extraño color anaranjado.
En el fondo de la misteriosa cabaña había una percha, donde reposaba una enorme lechuza blanca que le miraba con sus grandes ojos. El chico fue hacia ella.
— ¡Hola, Orzu! —dijo con una animada voz infantil—. Te he traído un regalo.
El chico abrió sus manos revelando su contenido,un pequeño cadáver de un ratón gris, que el mismo había cazado recientemente con su pequeña cerbatana.
La vieja lechuza lo miró y lo agarró con su pico, después inclinó un poco hacia abajo su cabeza, como si estuviera agradeciendo el obsequio. Inmediatamente se dispuso a comérselo tranquilamente.
De repente el infante oyó una puerta de la cabaña abrirse y unos pausados pasos acompañados de una afable voz que sonaba en tono de reproche.
—Gaal, muchacho. Si le sigues dando de comer tanto  al viejo Orzuelo, le voy a tener que conseguir una percha más resistente —dijo la voz.
Gaal miró hacia la puerta que daba al exterior  de la cabaña. Apareció un anciano de ancha estatura, de alegre rostro que lucía una larga y grisácea barba que le llegaba casi hasta su cintura. Vestía una túnica de un color azul marino atada con un cordel,  en el cual llevaba una hoz de oro y un pequeño saco de tela marrón. Tenía un racimo de muérdago en la mano.
—Aunque claro… Yo tampoco soy nadie para hablar de eso —dijo el anciano alegremente, entre risas, mientras se daba palmadas en su gran barriga.
El chico lo miró con una gran sonrisa y corrió hacia él.
— ¡Hola, Druida Refireo! —exclamó el niño—. Te estaba buscando.
El pequeño Gaal esperó pacientemente a que el druida dejase en una vieja mesa loque había recolectado en el bosque y se sentara en su sofá, soltando un sonoro suspiro de agotamiento.
—Lo siento, hijo, fui a recoger muérdago y otras cosas. Porque en días como este el muérdago…
—…es un poderoso contraveneno —continuó Gaal  la frase antes de que Refireo pudiese acabarla.
El anciano soltó una carcajada y esbozó una pequeña sonrisa.
—No esperaba menos de mi mejor alumno y ayudante.
Efectivamente, el druida era unos de los pocos sabios ancianos de la aldea que daban clase a los niños. Por su parte, él era el encargado de enseñar a los niños a leer y escribir aparte de las enseñanzas más básicas sobre la naturaleza. Refireo siempre defendía la idea de que vivir en una aldea no significa forzosamente que sus habitantes tengan que ser unos bárbaros sin cultura. La labor de los sabios de la aldea era enseñar a los niños nociones de la vida, por si querían marcharse de la aldea cuando fuesen adultos para buscar su propia suerte.Esto era beneficioso para la aldea, ya que los habitantes que se marchaban,a veces volvían de visita con recursos como alimento que no podían conseguir, telas exóticas, juguetes para los más pequeños, libros (objeto que Refireo apreciaba bastante), etc.
De todos los niños a los que el viejo Refireo daba clase,Gaal era el más aventajado, por eso a veces le ayudaba al druida acompañándole al bosque, para reunir ingredientes para sus brebajes y medicamentos.
El viejo Refiero, aparte de maestro de los pequeños, era a la vez el druida de la aldea. Su misión no era otra que crear pócimas y medicamentos para curar a los aldeanos o cualquier otra cosa.
El anciano habló al cabo de unos segundos de silencioso descanso.
—Oye, hijo. En unos días cumples diez años, ¿verdad? —dijo Refireo.
—Sí, sí —dijo el pequeño—. ¿Qué me tienes preparado, druida Refireo?
 Después de unos segundos en silencio, el druida miró atentamente a Gaal y dijo:
—Una tarea muy importante —dijo finalmente el anciano.
Gaal soltó un enorme resoplido de decepción. Iba a protestar pero, antes de que pudiese hacerlo, el druida levantó su mano y rió entre dientes.
—Un momento, muchacho. Antes de que me muerdas, te diré algo. Esta tarea tiene recompensa y una muy especial.
— ¿Qué es? ¿Qué es? —dijo el pequeño brincando en el sitio.
—Te la mostraré cuando realices esta tarea. Esta noche ven a mi cabaña y te daré instrucciones. Pero primero pídele permiso a tu madre, tampoco tengo la intención de asustarla… Oye, Gaal, ¿eres un chico valiente? —le dijo Refireo, echándole una mirada desafiante.
— ¡Podría vencer a cualquier malvada bestia sin esfuerzo! —dijo Gaal, hinchando el pecho de orgullo y con soberbia.
—Pues venga, ve y prepara tus cosaspara la aventura de esta noche —dijo el druida con un gesto.
El chico se marchó de la cabaña, corriendo para llegar pronto a su casa y pedirle la autorización a su madre. El druida le vio marcharse y con un fuerte suspiro se dijo a sí mismo:
—Confío en que salga bien…

miércoles, 9 de marzo de 2016

Relato - El juego del ascensor

Siempre fui un fanático de las leyendas urbanas. Me fascinaban las leyendas de distintos países del mundo, por eso investigaba sobre ellas. Dentro de las leyendas urbanas existen un subgénero llamado "rituales" o “juegos”. Este tipo de historias cuentan paso a paso cómo realizar una especie de ritual. Los fines con los que se realiza dicho ritual o “juego” son muy diversos: conseguir algo, ver el futuro… La principal razón por la que se realizan este tipo de “juegos” es para experimentar la tensión y la adrenalina de una auténtica experiencia totalmente diferente, incluso de terror absoluto; aún a riesgo de poner en peligro la vida o el destino de la mismísima alma del incauto “jugador” que realice dicho ritual.
Esto que me sucedió lo contaré solo para a disuadir a los curiosos, para que no realicen la estupidez que yo cometí, solo por querer experimentar una experiencia inolvidable. Porque, en efecto, fue una experiencia verdaderamente inolvidable
Fue una tarde como otra cualquiera. Yo estaba tranquilamente sentado frente mi ordenador, leyendo distintas leyendas urbanas de un foro de internet. Mi atención fue captada por una leyenda urbana originaria de Corea. Se llamaba “el juego del ascensor”.
Quise realizar el juego, porque desde mi punto de vista parecía ser seguro, a diferencia de otros terroríficos y peligrosos rituales que leí. El edificio donde vivo tiene doce plantas, y yo vivo en la quinta. De este modo pensaba que sería perfecto realizar este ritual.
Me subí al ascensor en la primera planta. Llevaba conmigo mi móvil para grabar el suceso. El juego era sencillo: solo tenía que pulsar una combinación de botones para ir a diferentes plantas, tomando el ascensor desde la primera de ellas. Empecé pulsando el botón del cuarto piso; luego pulsé el botón para descender al piso segundo; a continuación pulsé el botón para subir al sexto piso; le volví a dar al botón del segundo; después pulsé el piso décimo; luego al botón del quinto piso, donde yo vivía; y finalmente volví a descender al primer piso.
Si me hubiese salido del ascensor del quinto piso y regresado a la seguridad de mi hogar para olvidar aquella maldita locura…; pero no lo hice, y cada día de mi vida me arrepiento de no haberlo hecho.
Cuando pulsé el botón de la planta primera, el ascensor no descendió a esa planta. Subió lentamente, yo tenía el corazón en un puño, no creía que eso funcionaría. Me temblaban las manos, intentaba encender mi móvil para tomar fotos y vídeos de aquella experiencia, pero el móvil no se encendía.
El ascensor se paró en el décimo piso. Sus puertas se abrieron lentamente y pude observar algo increíble.
El pasillo del décimo piso estaba oscuro. Podía ver algo en la oscuridad gracias a la tenue luz de la luna en la ventana. Parecía como si el edificio hubiese estado abandonado durante décadas. Había vigas que colgaban del techo; las puertas estaban carcomidas por la humedad; las ventanas estaban rotas y bastante sucias… En el aire se respiraba un olor nauseabundo y se podía sentir en el ambiente una sensación de horror y peligro inminente.
De repente escuché un ruido que me sobresaltó, era un ruido en la lejanía. Sonaba como unos pasos pesados, como de grandes pies casi arrastrándose. El sonido sonaba cada vez más cerca.
Eché mano de la pequeña linterna que llevaba en mi bolsillo. Por algún motivo la había cogido antes de embarcarme en aquella peligrosa aventura. La imagen iluminada por la luz de mi insignificante linterna aun la conservo, grabada a fuego en mi memoria, y todavía es foco de innumerables pesadillas.
Era un hombre, o por lo menos algo parecido a un hombre, de gran y ancha estatura, mediría alrededor de tres metros. Llevaba un saco parduzco de tela en su cabeza a modo de máscara, y debajo de esta goteaba una especie de sustancia viscosa y espesa. Tenía puesto una especie de delantal grisáceo manchado de sangre. En su mano derecha llevaba un enorme cuchillo macabro que goteaba sangre; y en su mano izquierda…no pude verlo con claridad hasta que ese repulsivo monstruo me lo lanzó como si fuera un pequeño muñeco de trapo, dejándolo apenas un metro en la puerta del ascensor, donde yo me encontraba.
Cuando cierro los ojos todavía puedo ver lo que me lanzó aquel gigantesco monstruo delante de mí, una imagen que vivirá conmigo hasta el día de mi muerte. Era el cadáver ensangrentado y destrozado de un niño. Aquella pobre y pequeña criatura no debía de tener más de siete años cuando ese macabro ser lo asesinó. Su pequeña cabeza de cabellos de un oscuro color carmesí estaba abierta, pudiéndose ver su pequeño cerebro destrozado en su diminuto cráneo sangrante. Su rostro estaba pálido y sus ojos fueron arrancados de manera violenta, llevándose incluso algo de piel con ellos. Su brazo izquierdo fue también mutilado, parecía como si se lo hubiese arrancado un feroz y despiadado animal de un salvaje y diabólico mordisco. Se podía ver su omoplato roto.
Entré en pánico, le di al botón de cerrar la puerta del ascensor rápidamente. Repetí el mismo proceso de botones que me llevó a aquel diabólico pasillo. Estuve sudando y temblando, rezaba a Dios para que me llevase de vuelta a mi bloque de pisos y que protegiera mi débil mente de la locura de aquella infernal y dantesca experiencia.
La puerta del ascensor se abrió, aparecí en la primera planta de mi edificio. Era ya de noche, miré mi reloj, eran las once. Yo todavía estaba temblando y deseoso de volver a la calidez y seguridad de mi hogar. Aquella vez subí por las escaleras.

viernes, 19 de febrero de 2016

Poesía - Eso dijo ella

La has clavado
Tío, que hachazo
Un poco más y lo alcanzarás
Es que si no revienta
Lo veo duro
¿De veras crees que vas a aguantar?
En verdad él no hacía nada, lo hacían todo ellas
Es que me ha salido solo
No me he podido contener
Son terriblemente sensitivos y sensuales:
Los clásicos nunca fallan
Al diccionario hay que acariciarlo y
Que abrirlo con cariño
No metas a Cernuda en esto, mete a Lorca
Te vas a hinchar, literalmente:
Con la mente que tienes, lo vas a acabar esta noche
Ea, pues venga tírale
Corre que no llegas
Tío, ¿dónde está? Decía que le quedaban 5 minutos
Pide ilusión, y el otro no llega, se queda corto
Sigue, levanta. Date prisa que arranca
Mándamelo por favor
Lo estás dando todo para conseguir este premio
Son categorías distintas, y lo sabes
La voy a reventar, la voy a reventar
Tío, es que voy muy rápido
Es que es algo prodigioso
Se da entre dos personas el tema
Casi se cae,
La abrió y casi se sale un poco, le dije:
¿Quieres un pañuelo?
No, gracias. Esto se sorbe:
La próxima vez que hagas eso, me lo dices y me voy p’alante
Dios, qué barbaridad:
Venga, sigue, sigue:
Lo vas a hacer ná más que en uno largo, ¿o en varios cortos?
No sé si saldrá
Oh, comida. Tengo hambre
No se puede, pero tú lo haces
Hostia, hostia

lunes, 15 de febrero de 2016

Relato - Feliz San Valentín

Las llamas de las velas rojas alumbraban débilmente el salón de la casa de Natalie. Estaba sentada en su sofá suspirando mientras esperaba con gran impaciencia a su novio Henry, el cual estaba trabajando. Ella quería que esa noche de San Valentín fuera ideal e inolvidable.
Una lluvia copiosa caía sobre la ciudad. Henry salía del centro comercial, le había costado bastante escoger un regalo para Natalie, pero al final lo había encontrado. Un bellísimo vestido blanco que sabía que le encantaría y realzaría su belleza. Lo había envuelto en una caja de regalo rojo con un lazo dorado; Henry no quería que lo intuyese por la forma del envoltorio.
El joven salía con paso apresurado, no quería que su amada esperase por más tiempo. Sus pisadas sonaban por las calles humedecidas por la lluvia. A medida que avanzaba, Henry oyó un sonido tras él, como  de unos pies que le seguían. El chico se detuvo y se giró; no vio nada. Solo estaba él y la oscuridad de la calle, iluminada muy tenuemente por las luces de unas farolas muy antiguas y agotadas; no vio a nadie entre esa oscuridad urbana. Continuó su andar, y volvió a oír el débil chapoteo de pisadas, solo que más cerca. El muchacho apresuró su paso, el temor de ser perseguido por alguien lo atormentaba. De repente, el chapoteo de pisadas se detuvo. Henry se giró repentinamente, de nuevo esa soledad de la calle y de la lluvia. Dio de nuevo la vuelta, esta vez tenía intención de correr. Sin embargo, una ladina mano le tapó la boca mientras sentía el frío y húmedo acero abrir una profunda brecha en su garganta. Su cuerpo cayó al suelo, haciendo un sonido pesado y blando, mientras que de su garganta manaba un espeso río carmesí, que corría y se diluía con el agua de lluvia en las oscuras y solitarias calles.
El timbre sonó melodicamente. Natalie salió impacientemente para recibir a su amado Henry. Abrió la puerta con una gran sonrisa dibujada en el rostro, pero no vio a su novio. De hecho, no vio a nadie. Bajo la mirada, se detuvo ante el regalo de color rojo que había allí. Estaba bastante mojado. Natalie pensó que era una inocente broma de Henry y que después de abrirlo el aparecería desde un rincón. Se agachó para abrir el regalo, al abrirlo la muchacha soltó un desgarrador grito que rompió el solemne silencio de la noche.
El vestido, que antes era de un blanco impoluto, ahora era de un sangrante color escarlata. Pero no fue eso lo que la espantó, si no el culpable de ese mortal color. Encima del macabro vestido, estaba palpitando y bombeando débilmente el corazón del que antes era su novio Henry. El corazón  que hace pocas horas estaba inquieto y frenético de amor ahora convulsionaba sus últimos latidos.

viernes, 29 de enero de 2016

Poesía - El sabor de la ignorancia

La algarabía de las alas al volar
en el horizonte anaranjado del cielo
que nadie osa con ojos castigados mirar
preocupados de su propio conocimiento enfermo.

Amplios aplausos retumban en mi cabeza
mientras observo el humo de una pistola.
Aplausos dirigidos a la ingrata demagogia,
pistola que hace disparar balas rotas.

Comenzamos el camino del dolor y la tortura
sintiendo el acuñado frío de la plata en la piel
mientras creemos en el gorrión que vuela con soltura
y saboreamos el dolor como la miel.

Cuando pagamos nuestra deuda con la guadaña
y caemos en el insólito placer de la ignorancia,
observamos que el vano gorrión ya no acompaña
a nuestra mente repleta de idiosincrasia.

Una lágrima caliente cae en la costera roca,
una manos se dejan caer sobre unos cordones,
ojos que lloran viendo el realismo en la maldita hora,
manos que se agachan como en la noche los girasoles.

Nunca conoceré la satisfacción de lo poco,
jamás la piedra de mi cráneo estará acomodada,
porque el hombre vive sabiéndolo todo
y muere sin saber nada.

lunes, 25 de enero de 2016

Relato - Ultratumba

Eran las dos y media de la tarde cuando el timbre del instituto, que daba el final de la jornada diaria, sonó. Los estudiantes salían con paso apresurado, como intentando ocultar sus ansias de llegar a sus casas y retomar sus aficiones vespertinas. Tres jóvenes de quince años salían juntos como de costumbre: Sergio, Bruno y Rubén.
Durante su itinerario del instituto a sus respectivas casas los tres amigos hablaban sobre diversos temas, unos comunes y otros no tanto, como en este caso.
—¿Sabéis una cosa? —dijo Rubén, el miembro del grupo que solía sacar los temas de conversación poco comunes—. El otro día me enteré de que es posible convocar con la ouija el espíritu de quién quieras. No tiene por qué ser aleatorio, como muchos piensan.
Sergio soltó un resoplido. Él era un muchacho bastante escéptico, y a diferencia de Rubén, él no creía en cosas de índole paranormal.
—Claro, claro —añadió Sergio—. Y después de la sesión te pasarán el recibo de la llamada, ¿no?
Rubén le echó una furiosa mirada a Sergio. Odiaba su escepticismo ante todo lo paranormal.
—¡Es verdad! -dijo molesto—. Se han dado casos.
—¿En serio? —respondió Sergio con un tono sarcástico—. Entonces dime como contrato la línea Mundo Terrenal-Más Allá.
—Solo se necesitan cuatro velas negras  y, obviamente, una tabla ouija. Colocas una vela en cada extremo de la tabla, y mientras las enciendes tienes que tener la imagen de la persona fallecida en mente.
—Venga, no me cuentes más historias de fantasmas. Que yo ya dejé de mirar debajo de mi cama a los ocho años.
De repente, tanto Rubén como Sergio, miraron a Bruno. Durante el camino no había mediado palabra alguna, a pesar de que al igual que Rubén le encantaban los temas relacionados con espíritus.
—Bruno, ¿te pasa algo? Llevas callado todo el camino —dijo Sergio preocupado.
—No, tranquilos. Sólo estaba pensando en mis cosas.
Los tres amigos se separaron a medida que avanzaban: Primero fue Rubén y después Sergio, dejando a Bruno continuar el trayecto hacia su casa en solitario.
En su paseo en solitario, Bruno estaba pensando sobre lo que dijo su amigo. Él nunca había hecho ninguna sesión de ouija. Nunca se le pasó por la cabeza hacerla, ni mucho menos en solitario. Sin embargo, por lo que dijo Rubén acerca de invocar un espíritu a elección, su interés por el tema aumentó.
Antaño, el grupo de amigos no era de tres, sino de cuatro miembros. El cuarto se llamaba Guillermo. Era un chico callado y muy taciturno, pero lo que le destacaba entre los demás eran sus ojos grises, bastante poco comunes. Guillermo era el mejor amigo de Bruno, siempre iban los dos juntos a todas partes, parecían casi hermanos. Sin embargo, hace seis meses, Guillermo fue víctima de una grave y extraña enfermedad que lo mantuvo en cama durante dos semanas. Su madre no quería que sus amigos lo visitasen ni les informó que enfermedad  padecía su único hijo. Finalmente, Guillermo fue vencido por la enfermedad y murió.
Bruno recorrió la ciudad para encontrar una tienda que vendiera los materiales que necesitaba. Pero solo encontraba las típicas tiendas de comestibles, de artículos de ocio, de ropa,...pero no encontraba ninguna tienda que vendiese lo que él necesitaba.
El sol se estaba poniendo cuando el chico ya se estaba empezando a dar por vencido. En ese mismo momento, Sus ojos se posaron sobre una extraña y vetusta tienda con el escaparate lleno de artículos esotéricos y cabalísticos: atrapa sueños, velas de distintos colores y formas, extraños inciensos, talismanes, etc.
El joven muchacho entró en la tienda. El interior era igual de misterioso que la fachada. Un hombre de apariencia joven, alto y de pelo azabache y enmarañado lo miró con una mirada serena.
—Bienvenido —le saludó el dependiente con un tono de voz sosegado—. ¿En qué puedo ayudarte?
—Necesito una tabla de ouija y cuatro velas negras.
Sin mediar palabra, el dependiente entró en el almacén. Volvió con una tabla de ouija de madera oscura y letras blancas, y cuatro velas negras.
—Son 25 €, chico.
Bruno le entregó el dinero y se fue directo a la puerta, cuando la voz del dependiente le llamó.
—¡Espera un momento!
Bruno se volvió, pensando que le iba a decir los típicos peligros de la ouija y del espiritismo.
—Mira, pareces un muchacho bastante despierto y curioso. No te diré que no vayas a hacer lo que sé que harás, ya eres mayorcito. Pero tengo que advertirte que tengas cuidado con los espíritus.
—¿Se refiere a los casos de posesiones y poltergeist? No se preocupe tendré mucho cuidado —respondió Bruno con una inocente sonrisa.
El dependiente soltó un profundo suspiro, a la vez maldecía mentalmente el daño que había hecho toda la prensa amarilla, y a Hollywood en especial, acerca  del espiritismo.
—Escúchame bien, chico. El poder del mundo de Ultratumba va muchísimo más allá de unos muebles moviéndose solos y gente con los ojos en blanco hablando una mezcla de latín y arameo mientras echan espumarajos por la boca. Ten muchísimo cuidado, ¿vale?
El joven asintió fuertemente con la cabeza y se fue de la tienda, deseoso de usar los artículos que había comprado.
Había esperado a la medianoche para hacer el ritual. No tenía intención de que sus padres lo pillasen mientras hablaba con los muertos.
Encendió las cuatro velas negras a la vez que pensaba en la imagen de su amigo fallecido. Puso una moneda sobre la tabla a modo para que actuara a modo de enlace, para que el espíritu se pudieses comunicar. Final mente, Bruno formuló la primera pregunta:
—Guillermo, ¿estás ahí?
Durante unos segundos la moneda se mantuvo inmóvil, cuando de repente se movió sobre la tabla, hacia la palabra <SI>
En ese momento, Bruno experimentó un profundo frío que inundaba la habitación y sintió una brisa gélida en la espalda, como si alguien lo estuviera observando. Sin embargo, el muchacho no se armó de valor y continuó con la siguiente pregunta:
—¿Cómo moriste?
La moneda tardó unos segundos en reaccionar, se desplazó por la oscura tabla, formando con letras blancas la frase:
¿TANTO Ansias CONOCER MI MUERTE?
Bruno sintió que un tremendo escalofrío le recorrió la espalda, a la vez que notaba que la sensación de que  había alguien más se hacía más fuerte. Se armó con todo el valor que tenía y respondió a la pregunta.
—Sí, deseo conocer tu muerte.
Con lentitud, la moneda formó otra frase, la última respuesta de Guillermo.
QUE ASI SEA.
El corazón de Bruno latía con muchísima fuerza. Se dio cuenta del gran error que había cometido. Esperó varios minutos la temida respuesta, pero la moneda permanecía inmóvil.
          Bruno estaba desconcertado, de repente sintió que la temperatura en la habitación volvía a ser la de siempre y la sensación de compañía que él sentía iba desapareciendo poco a poco. El chico no lo entendía pero no le dio importancia y se fue a dormir. No tenía intención de hablar de esto con nadie, ni siquiera con Sergio y Rubén. <<Mañana sería un día normal, como todos los demás>>, pensó mientras caía en un sueño profundo.
Bruno se despertó. Sentía los miembros de su cuerpo entumecidos, no podía separarlos del cuerpo. Sintió una gran angustia cuando intentó moverse y no podía. Sus pulmones ardían por el sofocante y húmedo aire que inspiraban. Bruno no podía ver nada, solo una profunda y mortecina oscuridad total. Gritaba, pidiendo auxilio, pero era inútil, nadie podía ayudarlo. En la silenciosa oscuridad le acechaba el imparable gusano vencedor.
La luna menguante brillaba pálida en la oscura noche sin estrellas, observando inexpresiva el silencioso y oscuro cementerio.
En el cementerio, una figura paseaba solitaria. Observaba con sus ojos plateados las tumbas y nichos donde descansaba los corruptos cuerpos de los muertos. Su enigmática y plateada mirada se detuvo en una tumba que él conocía. En la tumba donde su antiguo amigo, Bruno, estaba a punto de unirse a los a él y a los demás en el interminable sueño con el gusano, en el oscuro y extraño mundo de ultratumba.

lunes, 4 de enero de 2016

Poema

Las Sombras de un Destino
incierto me persiguen,
sé que no podré huir de ellas,
atropellado por un Convoy,
mi hora llega a su fin.
Agonizando me di cuenta
de tantos Sueños Perdidos
a lo largo del camino, y que
Después de Todo,
El Camino Libre,
Únicamente Lo Podrás Hacer,
Transformando
Ilusiones en Realidades,
Muere o Vive Otro
Destino Insólito
Antes del Fin
Dejado este cuerpo,
me dirijo al Reino del Hades
dónde moran criaturas de diversa
índole, alejadas de toda
comprensión,
100.000 Bakalas, entre otros,
Kammerjäger llaman al peor

martes, 22 de diciembre de 2015

Relato - La codicia de Fafnir

Mi padre, el rey enano Hreidmar, tuvo tres hijos: Yo, Regin y Odder. Cada uno de los tres hermanos poseíamos diferentes habilidades. Yo, Fafnir, me caracterizaba por mi gran maestría en la lucha y además entendía el lenguaje de las aves, lo cual me resultaba muy útil en el momento de cazar. Luego estaba mi hermano Regin, que destacaba en el arte de la forja, sus armas eran la envidia de todos los herreros del reino. Por último, mi estúpido hermano Odder tenía el inservible poder de transformarse en cualquier animal, el cual además fue la causa de su condena y el inicio de esta historia.
Volví al castillo después de cazar un gigantesco jabalí. Cuando de  repente escuche gritos, maldiciones, y lamentos dentro del castillo. Era mi padre, Hreidmar, quién soltaba todas esas amenazas y cantidad de palabras soeces,  bastante extensa, incluso para ser un enano. Allí estaba él con su corona y su larga barba gris, más alborotada de lo habitual, insultando y gritando a una fila de soldados en frente de él. Al finalizar su charla, la fila de soldados salió corriendo en fila india hacia la puerta del castillo.
Conseguí atrapar a uno, para que me dijese por qué Su Alteza estaba un poco más irritable de lo habitual. Lo que me dijo me dejó sin palabras.
—Han matado al príncipe Odder, mi señor —me dijo el soldado con voz temblorosa.
Esta noticia, ciertamente, me pilló desprevenido. Tanto que no puede controlar el volumen de mi voz.
— ¡¿CÓMO?! — le grité.
—L-lo mataron m-mientras estaba transformado en n-nutria, cómo solía hacer     p-para conseguir pescado —dijo el soldado temblando y al borde del llanto.
Ciertamente, no sé por qué me sorprendí de esa noticia. Sabía de antemano que algún día algún desafortunado cazador confundiría a ese imbécil con una nutria auténtica.
Los días pasaron, y cada día iban llegando enormes carros llenos de oro y riquezas varias. No me avergüenza decir que mi mayor debilidad son el oro y derivados, la heredé de mi padre. Podría hasta intercambiar, si hubiera tenido la ocasión a mi estúpido hermano Odder  por un solo carro de esos. Básicamente el oro y demás tesoros  eran para cubrir la piel de mi difunto hermano de oro. Sin embargo la piel de mi hermano nutria, que  se ve no dejó de molestar ni después de muerto, crecía a medida que era cubierta de oro, por lo que cubrirla enteramente resultaba imposible.
Finalmente, un día que volvía de cazar un hermosísimo ejemplar de faisán, en vez del típico carro de oro diario, que me ponía los dientes largos, vi a mi padre sentado en el trono con un fulgor odio en los ojos conversando con un extraño personaje que definitivamente no era un enano. Era un hombre larguirucho y de movimientos ridículos, típicos de los bufones,  que no paraba de reír y de brincar mientras conversaba con mi padre:
— ¡Maldito! ¿Por qué vienes? ¿No has causado ya suficiente daño? —bramó mi padre.
—Venga, venga —dijo el extraño personaje—. Vengo en son de paz. Además, fue solo un accidente. ¿Quién diría que esa nutria fuera tu pobre hijo? Te traigo algo que seguro te encantará y pondrá punto y final al problema.
El larguirucho se sacó del bolsillo el  anillo de oro más brillante que pude ver en toda mi condenada vida.
—Aquí tienes, el Andvarinaut. Con este anillo podrás duplicar tus riquezas cuantas veces desees. Me costó lo mío “negociar” con el viejo Andvari para que me lo diese. Así que… ¿pelillos a la mar? —dijo el bufón soltando una burlesca risa.
Mi padre suspiró abatido.
—Bueno, supongo que con esto has saldado tu deuda. Venga, corre a comunicárselo a Odín y piérdete de mi vista.
Dicho esto, el cómico personaje se fue dando brincos y tarareando. De repente nos cruzamos y sus ojos se detuvieron en el faisán que acababa de dar muerte.
—Oh, vaya, que pieza tan espectacular. Se ve que vuestra fama de gran cazador, príncipe Fafnir, no es un mito. ¿Puedo verla más de cerca?
Sin pensármelo demasiado, le dejé despreocupadamente el faisán para que admirase su belleza. Aún me arrepiento de esta decisión.
—Bonito ejemplar —dijo mientras acariciaba su plumaje—, pero le falta algo…
De repente, a mi hermoso faisán le empezó a salir pelo negro por todas partes y su cola emplumada se volvió larga y pelada. ¡Convirtió a mi extraordinario faisán en una repugnante rata gigante! En ese momento mi alma solo me pidió hacer lo que haría cualquier ser racional en mi situación.
— ¡Maldito hijo de puta! —grité mientras dejaba caer con fuerza mi hacha sobre su repugnante cabeza.
Sin embargo,  mi golpe fue inútil. Ese desgraciado se evaporó en un gas fétido, soltando una burlona y resonante carcajada.
—Es inútil, hijo —dijo mi padre, que estaba sentado en su trono, viendo la escena—. Si eso sirviese, créeme que no me habrías visto charlando con esa alimaña.
— ¿Quién era ese maldito loco?
—Era  Loki.
— ¿¡Loki!? ¿El mismo dios fue quién asesinó a Odder?
— ¿Acaso tú conoces a algún otro hombre que pueda transformar un faisán en una rata y escabullirse evaporándose como si nada? De verdad, si yo fuese Odín encadenaría en la más profunda cueva a ese miserable hasta la llegada del Ragnarök —maldijo mi padre escupiendo al suelo.
Me acerqué a mi padre para ver el tesoro que le habían dado, el Andvarinaut. Era el anillo más deslumbrante que hubiese visto, más incluso que el maldito Sol. Tenía que tener ese anillo bajo mi poder. D esta manera duplicar todo el oro que quisiese de por vida y convertirme en el enano más rico que jamás haya pisado el suelo.
—Padre, ¿y si me das ese anillo para que duplique el oro de la tumba de Odder y así cubrir completamente su piel?
— ¿Crees que soy tan imbécil? ¡Preferiría dárselo a cualquiera antes que a ti o al descerebrado de tu hermano Regin! ¡Ahora, lárgate! —me gritó mientras ponía ese gran tesoro en uno de sus mugrientos dedos.
Me marché loco de rabia y frustración. Necesitaba tener ese anillo aunque me costase mi propia vida en ello o la de ese viejo bastardo, pero no podía hacerlo solo. Necesitaba idear un plan, y por supuesto, ayuda de alguien de confianza.
Fui corriendo a la forja de mi hermano Regin. Allí estaba, sudando a mares y trabajando con su martillo para crear una espada bastante grande.
—Regin, ¿podríamos hablar en privado?
—Claro —dijo mientras soltaba su martillo de herrero—. Vayamos al almacén de armas.
El único en que podía confiar era en mi hermano Regin. El preferido de mi padre fue siempre Odder, de manera que, tanto a él como a mí nos trataba con cierto desprecio e indiferencia.
—Escucha —dije—, ambos sabemos lo extremadamente avaro que es nuestro padre.
— ¡Vaya! —exclamó mi hermano con sarcasmo— ¿Te has dado cuenta tu solito? ¡Mira estas armas de mierda! ¡Ese viejo rácano no me da el oro suficiente como para conseguir metales de buena calidad para forjar armas decentes!
Miré alrededor. Efectivamente, por muy bueno que fuera mi hermano en la forja, el nunca podría crear armas poderosas ni resistentes armaduras con ese material tan pobre.
— ¡Si vienen tropas enemigas estaremos con el culo al aire! —chilló mi hermano.
—Por eso tengo en plan —dije en voz baja.
— ¿Qué clase de plan?
—Podríamos matar al viejo.
— ¿Y en qué nos beneficiaría eso? —dijo mi hermano con una mirada inquisitiva.
—Sólo piénsalo. Si muriese, todos los soldados, incluidos los que custodian la piel de Odder  con todas sus riquezas, vendrán a su funeral a presentar sus respetos. En ese momento nosotros nos quedaríamos con todo el oro de la tumba. La mitad para cada uno.
—Pero, en ese caso. ¿No sospecharían de nosotros? —dijo Regin.
—Cuando se den cuenta de nuestro acto nosotros tendremos dos enormes ejércitos más numerosos y mejor preparados. ¡Piensa en la cantidad de excelentes materiales que podrías comprar para crear grandes armas y armaduras! —exclamé—. Entonces recuperaríamos el reino.
Regin estuvo reflexionándolo durante varios minutos. Casi temí tener que matarlo, para que en caso de que se negase, no pudiese acusarme a padre.
—De acuerdo —dijo con una sonrisa—. Me has convencido.
Planeábamos llevar a cabo el plan a la noche siguiente, mientras comíamos, aprovechando que mi padre odiaba las miradas hambrientas de los soldados mientras él comía tranquilamente. En el banquete, Regin estaba con mi padre charlando mientras que yo me ocultaba en uno de los pilares. Me gustaría saber como hacía ese viejo perro para beberse tanta cerveza sin acabar fuera de combate. En ese momento, mi hermano me hizo la señal: Tres golpes consecutivos en la mesa con una pausa de tres segundos por cada golpe, para indicar que ese viejo avaro ya se había bebido la cerveza con el somnífero.
Sin previo aviso mi padre cayó, sobre la mesa, roncando cómo un oso en pleno invierno. Sin pensármelo dos veces dejé caer mi hacha sobre su pescuezo haciendo que rodase su cabeza unas cuantas yardas sobre el suelo. El plan había sido un éxito.
Los dos soltamos una sonora carcajada de victoria al unísono. Después nos paramos a ver el cadáver de nuestro padre decapitado.
—Bueno —dijo Regin—, por mi parte empezaré a quedarme con algo de valor, empezando con uno de sus anillos. Tú si quieres te puedes quedar con los otros.
De los ocho putos anillos que tenía el viejo, ese imbécil bastardo tuvo que coger precisamente ESE. El maldito Andvarinaut, la causa por la que ideé todo este condenado plan.
Cómo por acto reflejo le golpeé en la cabeza con mi puño, dejándolo inconsciente al instante. Aprovechando que no había nadie merodeando, cargué con mi hermano inconsciente varias leguas. Lo dejé en un lugar apartado, de modo que no pudiese volver. Ya los lobos se ocuparían de él.
No tenía pensado dejar que él se quedase con el Andvarinaut, así que antes de irme se lo quité. De todas formas, no tenía intenciones de repartir el oro de la cueva de Odder con él.
Me marché en dirección a esa misma cueva mientras miraba el anillo. En ese mismo instante era el enano más rico de todo el reino. Se me hacía la boca agua mientras imaginaba todas las riquezas que podría poseer. Sin pensármelo mucho me puse el Andvarinaut para celebrar mi victoria. No estaba preparado para lo que me sucedió  al momento de ponerme el maldito anillo:
De repente, en mi mano empecé a experimentar un terrible dolor. Varias escamas doradas empezaron a salirme de la piel cómo diminutas cuchillas. Mi cuerpo empezó a estirarse, mientras yo sentía un dolor tremendo, cómo si me estuviesen dislocando todos mis huesos y estirando mi cuerpo hasta ya no dar más de sí. Mi cabeza empezó a ensancharse y en mi boca todos mis dientes crecieron hasta convertirse en grandes colmillos amarillentos, afilados como espadas.
No entendía lo que me pasaba, ni por qué experimentaba ese tremendo dolor mientras que mi difunto padre se lo puso como si nada. Me acerqué a un lago cercano para ver mi imagen. El reflejo que me devolvió el lago me hizo estremecer y entrar en pánico. Lancé un enorme grito de terror y sorpresa cuando vi mi reflejo. Me había transformado en un monstruoso, abominable y gigantesco lagarto dorado.
Con esta apariencia no podía conseguir un ejército ni mostrarme en público. No podía volver a llevar una vida como la de antes, ni mucho menos una vida normal. La única opción que tenía era llevar una vida como el resto de las bestias y ocultarme de la vista de los demás enanos. Sin embargo, aún me quedaba el consuelo de poseer todas las riquezas de  la cueva donde reposaba la piel de mi hermano, vivir con todas esas riquezas y estar rodeado de ellas, por toda la eternidad. Era todo y lo único que necesitaba y ansiaba en la vida.