jueves, 5 de enero de 2017

Relato - Reencuentro

« ¿Quién se escondería en un sitio así?»
No había ni un alma a la vista, aunque teniendo en cuenta donde estaba era lo normal. Al parecer su nueva víctima se escondía en lo que antaño fue una sucursal de una empresa de bricolaje, ahora solo era un complejo abandonado y tétrico. El edificio era grande y de color blanco hueso, las cortinas estaban echadas y las puertas destrozadas, el cristal de una hecho añicos y la otra tirada en el suelo. Mejor para ella, así podría entrar sin problemas.
Poco sabía, por no decir nada, de la persona que se escondía dentro. Lo único que ponía en el informe era una foto de aquel lugar y que era peligroso, culpable de varios secuestros y asesinatos, todos ellos a mujeres. No le molestaba la escasez de información, Eve siempre había tenido clara su función: localizar, engatusar y matar, nada más. Además necesitaba despejarse, ocupar la mente en algo para no pensar, y ahora tenía la excusa perfecta.
Se adentró al interior sin pensárselo dos veces, nadie se lo iba a impedir de todas formas. No era nada del otro mundo, aunque tampoco era lo que esperaba. El recibidor era amplio, con un mostrador de un azul desvaído que ocupaba casi toda la pared del frente y los restos de lo que debieron ser macetas en su día. Detrás del mostrador había una puerta cerrada, seguramente llevaría cerrada años. A la izquierda había una multitud de escaparates y pasillos, algunos vacíos y otros con el itinerario que no quisieron llevarse. Lo realmente interesante era el pasillo de la derecha, que se extendía hasta el fondo y estaba envuelto en la oscuridad.
«Si yo quisiera esconderme, seguramente iría por ahí» era un pensamiento lógico, quizás absurdo por lo evidente que era, pero lo necesitaba. No le gustaba aquel silencio perpetuo, la ponía nerviosa por momentos.
El pasillo no era muy estrecho, lo justo para que pudieran pasar muchas personas holgadamente, había varías puertas a los lados pero la que le llamó la atención fue la última, la del fondo. No se molestó en mirar las otras, el interior estaba oscuro y no le transmitía confianza.
Caminó sin hacer ruido hasta el final del pasillo, no quería alertar a su objetivo antes de tiempo. Se paró delante de la puerta, estaba entreabierta y una tenue luz salía del interior. Eve no entró enseguida, debía estar segura antes de hacerlo. Se había prevenido de hacer ruido pero nada le garantizaba que la estuviera esperando dentro, algo improbable pero cabía esa posibilidad.
«Empiezo a pensar como Lloyd» pensó Eve con cierta sorna.
Empujó la puerta con suavidad, agradeció que no hiciera ningún ruido. El interior no era mucho mejor que el pasillo pero al menos podía ver algo, aunque odiaba caminar sin ver su alrededor. Lo único que podía ver era la linterna, iluminando una pequeña parte del suelo, el resto era completa oscuridad. Cada uno de sus pasos resonaba en el silencio, lo que reforzaba la sensación de abandono que envolvía esa sala y aumentó la inquietud que sentía Eve.
«Empiezo a odiar este sitio»
Caminó rápidamente con la decisión que la caracterizaba y miró a su alrededor, ni rastro del dueño de aquella linterna. Aquello no le gustaba, una linterna tirada en mitad de una sala vacía nunca era buena señal, era casi una invitación a iluminar su alrededor, como si quien se escondiese allí la retase a encontrarle en la oscuridad.
Asqueada, Eve no dudó en coger la linterna. Odiaba que se creyesen más lista que ella, era una de las cosas que más detestaba.
—Es de mala educación entrar sin llamar a la puerta —dijo una voz desde las sombras, sus palabras reverberaron en la sala.
—También lo es no dar la cara cuando hablas con alguien —respondió Eve sin inmutarse, si esperaba asustarla con eso no lo iba a conseguir.
Su interlocutor rio, la risa se extendió por toda la sala.
—No has cambiado nada, Eve.
« ¿Le conozco?» se preguntó confundida, que ella supiera no conocía a nadie que fuese por el mal camino.
Escuchó pasos detrás de ella, por fin daba la cara. Esperó hasta el último momento, cuando sintió sus pasos tan cerca que casi lo tenía en su espalda, entonces giró rápida como el pensamiento e iluminó a su objetivo.
La linterna cayó al suelo, el golpe sordo resonó en la sala. De repente las luces se encendieron y ambos quedan frente a frente, Eve no puede creer que la persona que está delante de ella sea real. Era él, lo habría reconocido en cualquier parte. Su pelo era negro como el ala de un cuervo, sus ojos azules eran tan intensos como los recordaba. Parecía sacado de un recuerdo, una ilusión pero no había duda, solo el chico que conocía le sonreiría de esa forma, seguro de que la había pillado por sorpresa.
— ¿Qué haces aquí, Jim? —la pregunta fue fría, directa, sin el menor atisbo de calidez.
Jim no respondió enseguida. La sonrisa desapareció de su rostro, ahora la miraba con  añoranza, con anhelo. Intentó acercarse a Eve, pero ella retrocedió por instinto, la decepción y el dolor se apoderaron de su rostro.
— ¿No te alegras de verme? Te he echado tanto de menos…
— ¡No te atrevas a mentirme, Jim! —gritó Eve con rabia, muchos sentimientos luchaban en su interior pero la rabia la llamaba con más fuerza que los demás—. ¿Fue divertido? ¿Te lo pasaste bien a mi costa? Yo confiaba en ti, todos confiaban en ti pero tú… ¡nos traicionaste!
—Eve, por favor… Déjame explicarme.
—No quiero oír nada que salga de tu boca, ¿me oyes? Ahora sé cómo eres realmente, un traidor, un embustero, un… —cayó de impotencia, las heridas del pasado no habían cicatrizado todavía.
No se defendió ni intentó acercarse a ella de nuevo, simplemente la miraba en silencio. Eve desvió la mirada, no quería verle, ya no. Ahora maldecía haber aceptado esa misión, no haberse informado más al respecto.
—Escúchame, por favor.
—Se acabó, Jim —dijo Eve con tono tajante y lo miró con desprecio, con el rencor acumulado durante todo ese tiempo—. No deberías estar aquí ni yo tampoco.
Pasó por su lado sin mirarle siquiera, no quería saber nada de esa persona, cada segundo que respiraba el mismo aire que él le repugnaba. Antes de que pudiera separarse más, Jim la sujetó por el brazo con firmeza.
—Suéltame.
—No hasta que escuches lo que tengo que decir.
Lo miró a los ojos, esos ojos que juró que nunca volvería a ver. Quería irse, olvidar que aquello había pasado pero algo la retenía, una parte de ella deseaba escucharle, saber porque estaba allí, la otra quería salir corriendo y alejarse lo más posible de él.
El silencio entre los dos era tenso, una pausa tan pesada como el silencio de aquella sala. Jim la soltó, Eve no reaccionó. Al no decir nada, Jim comenzó a hablar.
—Sé que me odias, hice mucho para ganármelo. Cometí un error, dejarte allí sola fue lo peor que he hecho en mi vida. He vuelto por ti, Eve.
—No deberías haberlo hecho. Si has vuelto para decirme eso estás perdiendo el tiempo. No soy la misma de antes, Jim. Ya no creo en tus falsas promesas.
— ¿Entonces por qué has decidido escucharme? —preguntó Jim con voz suave, la que usaba solo con ella.
—No lo sé —respondió Eve, la duda teñía sus palabras—. Me abandonaste. Nos traicionaste a todos y te fuiste, ni siquiera sé porque estás aquí ahora.
Jim se acercó a ella despacio y le tocó la mejilla con suavidad. Eve se estremeció ante su contacto por más razones de las que quería admitir, en el fondo había echado de menos sus caricias, que la mirase como si solo ella importase en el mundo. Creía que lo había superado, que estaba preparada para seguir adelante, pero estaba equivocada. No estaba lista para lo que hizo a continuación.
—Porque tú me has echado de menos tanto como yo a ti.
No pudo reaccionar a tiempo, su cuerpo se había movido solo. Jim la besó con intensidad, con pasión, y ella correspondió al beso. No había engaño en ese beso, varias emociones se arremolinaban en su interior: temor, deseo, rabia, anhelo... Quería alejarse de él, separarse antes de que estuviera perdida pero era incapaz de hacerlo, ya no era ella quien movía su cuerpo.
Algo se rompió en su interior, por un momento volvió a ser la misma de antes, esa chica que sonreía a la vida y que no buscaba el peligro, que no tenía miedo a confiar en los demás; pero solo fue un momento, nada más. Volvió a la realidad como si hubiera despertado de un sueño, ahora era consciente de lo que estaba haciendo: besar a su enemigo, al chico que le había roto el corazón, la razón por la que era así ahora.
« ¿Qué demonios estoy haciendo?»
No le empujó ni hizo ningún intento por separarse de él, solo se dejó llevar por el placer, por la parte oscura de sí misma que anhelaba las emociones fuertes. El beso había cambiado, simplemente lo sabía. Había deseado con todas sus fuerzas que llegase ese momento, pero al mismo tiempo sintió una profunda tristeza. Sería la última vez que él podría besar a alguien, Jim había firmado su propia sentencia de muerte.
El besó finalmente terminó, todo había acabado. Jim la abrazó, Eve se dejó hacer y apoyó la cabeza en su hombro. Sentía su corazón palpitar, hacía mucho tiempo que no lo escuchaba.
«Tu elegiste esto, Jim» pensó para sí misma, como si pensarlo quitase peso a lo que acababa de hacer.
Los segundos pasaron, inexorables y precisos, después los minutos se sucedieron pero no pasó nada. Antes de que Eve pueda reaccionar, Jim se acercó a su oído y le susurró con voz dulce.
—Buen intento, querida, pero tu veneno no funciona conmigo.
Eve se separó abruptamente de Jim, lo miró confundida y sin poder creer lo que veía. No mostraba rastro de que su poder hubiese funcionado, algo que parecía imposible pues nunca le había fallado pero allí estaba, sonriendo socarronamente como si no supiese que había intentado matarle.
— ¿Cómo lo has hecho?
—Ni idea, pero parece que haber probado tanto tu boca tiene sus ventajas —comentó sin dejar de sonreír, entonces su sonrisa se hizo más amplia—. La pregunta importante es si tú eres inmune al mío.
— ¿A qué te…?
De repente sintió el cuerpo tenso, lo sentía pesado y cada músculo como si fuera de piedra. Intentó moverse pero fue inútil, ninguno de sus miembros se movió. Eve era incapaz de moverse, no entendía la razón pero solo había una explicación posible, bastaba con ver la sonrisa de Jim para entender que él era el causante de la repentina parálisis que la atenazaba.
— ¿Qué me has hecho? —preguntó aterrada.
Jim no le respondió, se limitó a acercarse a ella y sujetarle la barbilla en un gesto posesivo. Ahora lo veía tal y como lo recordaba, la chispa calculadora en sus ojos, el matiz cruel en su sonrisa, la confianza en cada uno de sus gestos. Todo era una fachada, una burda mentira, y ella había caído como una boba en la telaraña.
—Mi dulce Eve, tan inocente como siempre —comentó acariciando sus mejillas y dándole un par de bofetadas juguetonas—. No puedo creer que cayeras en eso, ¿de verdad pensabas que había vuelto solo por ti? Se te lo olvidó lo más importante de mí y es que soy un buen mentiroso, tendrías que verte la cara.
—Que te jodan —contestó Eve con rabia y le escupió a la cara.
La respuesta de Jim no se hizo de esperar, un golpe sin compasión en el estómago que la tiró al suelo y la hizo retorcerse. Eve seguía siendo incapaz de moverse pero sentía el dolor con intensidad, le había dado tan fuerte que le faltó el aire por unos segundos. Ahora ella estaba tal y donde quería Jim, a sus pies, tal y como él siempre había querido. Jim no conocía el amor, solo el control e imponer su voluntad.
No podría salir de allí, era lo único de lo que Eve estaba segura.
— ¿Qué es lo que pretendes? ¿Vas a matarme?
Una nueva risa, esta vez cruel y sin engaño alguno, le indicó lo equivocada que estaba. Había aprendido a conocer los gestos de Jim con el tiempo y ese era el peor, cuando reía así no significaba nada nuevo.
—Tranquila, no voy a matarte. Te necesito vivita y coleando —se pasó la mano por el pelo y la miró con una chispa de precipitación en los ojos, le encantaba la situación—. Voy a acabar lo que deje a medias y tú, querida Eve, eres solo la primera pieza del rompecabezas. Es hora de que estemos todos juntos de nuevo.
Entonces, antes de que Eve pudiera comprender lo que significaban esas palabras, un dolor inmenso recorrió su cuerpo como una descarga eléctrica. Eve chilló, un grito de dolor que rompió el silencio pero que nadie podría oír.

1 comentario:

  1. Wooow tiene el mismo poder que ella , pero mas fuerte que antes??

    Que mal Eve aunsigue estando enamorada de Jim y , el solo busca la vengamza 🙁🙁🙁🙁

    Sigamos con los demas

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