lunes, 1 de agosto de 2016

Relato - Un corazón amable

Las ruinas estaban muertas, silenciosas. No se oía nada más que los sonidos de la selva, ni siquiera el aire parecía querer tocar la estructura de piedra. Sabía muy bien qué clase de criatura vivía allí, escuchó muchas veces la leyenda de boca de su abuela y luego de su madre, una vieja historia que en vez de espantarle lo llevo hasta allí.
Trataron de disuadirlo, le dijeron que cualquier solución sería mejor que ir a ese lugar, que estaría desperdiciando su vida si ponía un pie en esas ruinas. Nadie lo hizo desistir de su empeño, ni siquiera los ruegos de su hermanita. Priya cada día estaba peor, la enfermedad que amenazaba con acabar con su vida cada día cobraba más fuerza y nadie en el pueblo sabía cómo curarla. La única que podía salvarla estaba en algún lugar de esas ruinas y no se iría hasta encontrarla.
No había ningún animal, las plantas no crecían en los muros de piedra. La vida había crecido a su alrededor, pero no había logrado traspasar el antiguo templo ni jamás lo haría. Nunca habría imaginado que tuviera que ir allí, desde niño le enseñaron que debía mantenerse alejado de las ruinas, que por ningún motivo debía entrar; ahora esa era su única salida. Las leyendas decían que ellas tenían poderes especiales, que podrían obrar prodigios imposibles para cualquier mortal. Era consciente del peligro pero no le importaba, haría cualquier cosa por ayudar a su hermana pequeña.
La entrada estaba al fondo de las ruinas, un oscuro corredor rectaba hacia el interior. Caminó por el patio abandonado y se detuvo frente a la entrada, podía ver luz al final y eso era buena señal. Se apresuró tanto al ir hacia allí que no cogió nada que pudiera servirle, un palo le habría sido muy útil como antorcha pero no había nada por allí salvo piedras. No se lo pensó más y entro dentro, avanzado a tientas con la luz del fondo como única referencia.
Hacía más calor que afuera, no podía tocar las paredes pero no podía ser un pasillo demasiado ancho, de haberlo sido al menos correría aire fresco. Por suerte no era largo y pronto llegó al final, se sorprendió al ver la sala en la que estaba. Era enorme, como debía esperarse de un antiguo templo, aún podía verse la majestuosidad de antaño. Un largo tramo de escaleras bajaban al nivel inferior, un amplio espacio rodeado por dos filas de columnas, unos escalones llevaban hasta el altar y en él vio una serie de objetos brillantes, riquezas en su mayoría.
«Ahora viene lo difícil»
Miró a todos lados en busca de la guardiana, no la veía en ninguna parte. Tampoco escuchaba nada, allí dentro reinaba un silencio profundo, casi reverencial. Bajó las escaleras despacio, intentando hacer el menor ruido posible. No quería que la anfitriona lo sorprendiese allí arriba y le preocupaba que lo asaltara por detrás, pues bien podría ocultarse en la oscuridad del pasillo.
Llegó al nivel inferior y miró el altar, ahora tenía una vista más exacta de las ofrendas. Sus ojos no le habían engañado y las reliquias doradas eran lo más abundante, pero también vio algo que le llamo la atención. Al frente de las riquezas había una hornacina de piedra con la forma de una caja, con suerte quizás tuviese alguna clase de medicina ancestral. Esperaba que fuese así, había ido allí por algo que pudiese curar a su hermana y no tenía especial empeño en encontrarse con la moradora de las ruinas, si podía entrar y salir sin ser visto mejor para él.
El chico comenzó a andar en dirección al altar, pasos cortos pero decididos, siempre procurando hacer el menor ruido posible. Cuando estaba a mitad de camino del altar, escuchó un sonido, algo que se arrastraba. Soltó una maldición por lo bajo, ya sabía él que no sería tan fácil.
—Vuelve por dónde has venido ahora que estás a tiempo  —dijo una voz de mujer seria, profunda, que reverberó por las ruinas, haciendo imposible que pudiera saber de dónde procedía—. Si insistes en seguir, prepárate para las consecuencias.
—He venido a verte, gran guardiana —el chico estaba asustado, pero recordar porque estaba allí le dio valor—. Muéstrate, por favor.
No hubo respuesta, el silencio se volvió tenso.
—Recuerda que te lo advertí —respondió la voz, esta vez le pareció que sonó más cerca.
Lo escuchó de nuevo, el sonido de algo arrastrándose pero esta vez sabía claramente de donde venía. Se dio la vuelta a tiempo para esquivar un sable que le habría cortado la cabeza, apenas pudo dar unos pasos atrás para esquivarlo. Chocó de espaldas contra una columna pero ella fue más rápida, ahora estaba entre la espada y la pared. Sus dos sables estaban peligrosamente cerca de su cuello, la furia brillaba en sus ojos dorados.
Ahora podía asegurar con certeza que la leyenda era cierta, la guardiana lo había acorralado y no parecía nada contenta. Parecía una mujer pero solo en parte, pues su cintura acaba en una enorme cola de serpiente cubierta por escamas marrón oscuro. Su piel era oscura como el ébano y su pelo negro estaba suelto, el dorado intenso de sus ojos era amenazante, sus pupilas eran como las de las serpientes. Llevaba un vestido rojo rasgado en la cintura sujetó por un cinturón, dorado como el resto de sus abalorios: tres pulseras en cada muñeca, hombreras rematadas en pinchos con motivos de serpientes y un tocado metálico en la cabeza. En el cinturón llevaba sujetas las dos vainas, una a cada lado.
La guardiana era tal y como esperaba, tan amenazadora como una cobra apuntó de saltar.
—No esperaba que un chiquillo se atreviese a entrar a mis ruinas —había cierta sorpresa en su voz, pero seguía siendo igual de severa—. ¿Cómo te atreves a entrar en mi santuario?
—No quería robar nada, lo juró —se apresura a responder el chico, tratando de aplacar su ira—. Suplicó clemencia, gran guardiana. Por favor, déjame explicarme.
Se quedó dónde estaba, pegado al muro para estar lo más lejos posible del filo de sus sables. Tras unos segundos de incertidumbre, la guardiana retrocedió un poco y bajó las armas.
—Espero que tengas una buena explicación. Adelante, te escucho.
El chico junto las manos agradecido e hizo una breve reverencia, mostrando su respeto y agradecimiento a la guardiana. Esta no pareció sorprenderse ni sentirse alabada en lo absoluto.
—Gran guardiana, he venido aquí en busca de tu ayuda. Mi hermana está gravemente enferma y su vida pende de un hilo. Te ruego que…
— ¿Y por eso has invadido mi santuario? —le cortó la guardiana—. Lo que le pase a los humanos no es asunto mío.
—Te lo suplico, eres su última esperanza. Os lo ruego, gran guardiana —suplicó el chico poniéndose de rodillas.
— ¿Por qué tendría que ayudarte? Todas las criaturas viven y mueren tarde o temprano. Si tu hermana muere enferma entonces es la voluntad del Samsara, harías bien en aceptar que su final está próximo y disfrutar tus últimos momentos con ella.
— ¡Eres poderosa, podrías hacerlo si quisieras! —respondió el chico alzando la voz, pero no tardó en modular su volumen al recordar delante de quien estaba—. Gran guardiana, he venido de muy lejos. Por favor, tú…
La guardiana restalló su cola contra el suelo y el chico se calló enseguida, no la había convencido en lo absoluto; todo lo contrario, parecía más molesta que al principio.
—Basta —ordenó con ira contenida. Lo miró con sus ojos entrecerrados, cada vez le recordaba más a una cobra furiosa—. Mi único deber es con mi templo, lo demás carece de importancia. Ahora márchate, mi paciencia tiene un límite.
El chico se levantó abatido, la decepción comenzó a apoderarse de él. No podía volver con las manos vacías, su hermana no sobreviviría mucho más sin una cura. Tenía que conseguir que lo ayudara, era su última esperanza.
—No puedo irme con las manos vacías. Mi hermana necesita una cura y no pienso volver sin ella.
La ira refulgía en el fondo de su mirada, una furia antigua que haría temblar incluso a los guerreros de las leyendas. El chico notaba que se estaba conteniendo, lo subestimaba por ser joven.
—Admiro tu perseverancia, pero empiezas a ser molesto —guardó sus sables  y se acercó a él con rapidez, el chico retrocedió hasta que su cabeza dio con la pared. Podía ver sus iris verticales, negros en contraste con el dorado de las pupilas —Es tu última oportunidad, si insistes en quedarte no me dejarás más opción que considerarte un intruso —se echó hacía atrás, dejándole espacio para que pudiera moverse con libertad—. Vete de una vez, muchacho. No desperdicies tu vida por la de una chica a las puertas de la muerte.
El chico no vio ni rastro de compasión en sus ojos, solo la dolorosa verdad de sus palabras. Se alejó de ella y dio unos pasos atrás, entonces se quedó plantado en mitad de la sala y se cruzó de brazos. Sus ojos estaban fijos en la guardiana, la miró con  decisión.
—Si no puedes ayudar a mi hermana, entonces me reuniré con ella. Haz lo que tengas que hacer.
La guardiana no dijo nada. Se lanzó rápida como el pensamiento y lo atrapó entre sus anillos, el chico notaba como su cuerpo empezaba a ser aplastado por la presión. No parecía lamentar lo que estaba haciendo, pero notaba que no le apretaba con demasiada fuerza todavía.
—Recuerda que ha sido decisión tuya.
Cada vez la presión era mayor, escuchó crujir levemente su espalda. Le costaba respirar, sentía que lo iba a partir en dos.
«Perdóname, Priya»
    ¡Detente, Dumati!
La guardiana aflojó el abrazo pero seguía sujetando al chico con fuerza, ambos miraron en dirección al altar. Detrás del altar salió una criatura igual a la guardiana pero más joven, que parecía más humana que ella. Sus cabellos eran dorados y formaban una lisa melena, su piel era clara. Llevaba una camiseta negra que chocaba con su apariencia, parecería una chica normal de no ser por la cola de serpiente de un verde claro. La recién llegada repto hacia ellos, la guardiana no parecía contenta de verla y él se preguntó si habría más.
— ¿Por qué me interrumpes, Lavania? —le preguntó Dumati en un tono que le recordó al de una madre regañando a su hija.
—No puedes matar a ese chico, me salvó la vida — Lavania miró a los ojos al chico y le sonrío, era un gesto tan humano que le sorprendía—. ¿Te acuerdas de mí?
Dumati la miró primero a ella y luego al chico, escrutándole con la mirada.
— ¿Es eso cierto, muchacho?
El chico mira a Lavania y se fijó en su rostro, en sus ojos azules como el agua. Recordaba haberlos visto en alguna parte no hacía mucho, pero no conseguía recordarlo. Estuvo callado durante unos minutos, buscando en sus recuerdos, observado por la atenta mirada de ambas. De repente lo recordó, apenas habían pasado unas semanas desde aquello. Volvía de pescar en su balsa cuando vio algo grande atrapado en las redes que dejó junto al agua, en un primer momento pensó que era un pez enorme pero luego comprobó que era una chica, la mitad de su cuerpo estaba fuera del agua. Tardó solo unos instantes en liberarla y ella le sonrío agradecida, después se sumergió en el agua y desapareció.
—Ahora me acuerdo. Te quedaste atrapada en mi red, siento eso.
—No te preocupes —le respondió Lavania con una sonrisa, después miró a Dumati con el ceño fruncido—. Ya puedes soltarlo, me salvó la vida.
La guardiana aflojó su abrazo y se separó del chico, colocándose al lado de Lavania. Estaba tranquila, como si se hubiese quitado un peso de encima.
—Lavania, busca un frasco y llénalo con el contenido de la jarra sagrada.
Con una sonrisa, Lavania se fue a hacer lo que le había pedido. De nuevo estaban solos Dumati y el chico, pero ahora la atmósfera era pacífica.
— ¿Por qué lo hiciste? —le preguntó Dumati.
—Nunca he necesitado motivos para ayudar a alguien —respondió el chico con sinceridad.
—Entiendo. ¿Habrías obrado diferente de haber descubierto que era?
—No lo sé —contestó el chico sin pensar.
Miró a Dumati para ver su reacción, parecía concentrada en algo. Permanecieron así, en silencio, hasta que Lavania regresó con lo que le pidió la guardiana. Llevaba un frasco pequeño en la mano, estaba lleno de un líquido ambarino. Tenía curiosidad por saber que era pero mejor no preguntar, tampoco es que creyera que le respondieran a esa pregunta.
—Dale esto a tu hermana y asegúrate de que bebe hasta la última gota. La fortalecerá y prevendrá cualquier enfermedad, ya no tendrás que preocuparte más por su salud.
Lavania le entregó el frasco al chico y este lo miró maravillado. Tenía en sus manos la cura para su hermana, una cura que evitaría que su hermana enfermase de nuevo. Miró a ambas con infinita gratitud.
—Muchas gracias, jamás olvidaré esto —les aseguró con emoción en la voz.
—Las de mi raza no hacemos favores, pero siempre pagamos lo que debemos. Tú salvaste a mi protegida y ahora yo te entregó la cura para tu hermana, estamos en paz. Ahora márchate y no digas a nadie lo que has visto aquí, no me gustaría tener por aquí a más chicos buscando curas milagrosas.
—Te prometo que nadie más vendrá aquí, tienes mi palabra.
—Confió en tu palabra y te lo agradezco. Recuerda que con valentía no siempre se consigue todo, tenlo presente. En cuanto a ti —miró con el ceño fruncido a Lavania—, espero que hayas aprendido la lección y que no vuelvas a acercarte a los humanos. Esa vez tuviste suerte de que fuera un chico con un corazón amable, pero no siempre será así.  Tendrás más cuidado de ahora en adelante, ¿he hablado claro?
—Sí, maestra —respondió Lavania arrepentida y agachó la cabeza.
El chico se despidió con una inclinación de cabeza y se dio la vuelta para irse. Cuando ya había subido las escaleras, Dumati lo llamó.
— ¿Cuál es tu nombre, muchacho?
El chico se dio la vuelta, la mirada de Dumati era amable. La había visto tan severa que no pensó que podría poner una cara así, pero le gustó el cambio.
—Nirek —respondió con una sonrisa.
—Ve en paz, Nirek, y cura a tu hermana, que la vida os sea favorable a ti y a los tuyos.
—Cuidate —se despidió Lavania con la mano, otro gesto sorprendentemente humano.
Nirek le devolvió el saludo y vio como ambas reptaban hasta detrás del altar, después se dio la vuelta y salió corriendo por el pasillo. Una sonrisa iluminaba su rostro y atesoraba el tarro contra su pecho, como si fuera un tesoro de valor incalculable.
La luz del sol lo recibió fuera y salió disparado hacia la jungla, deseando volver al lado de su hermana.
— ¡Ya voy, Priya!

3 comentarios:

  1. ¡Curiosas criaturas! Aunque en mi cabeza me las imaginaba serpiente de pies a cabeza xD pero sí que llevaban pelo como mujeres humanas.

    Antes de nada, aquí he notado más el hecho de que pones o no tildes donde se debe o no, sobre todo en verbos, aunque también me llamó la atención un "cuándo" y un "porque".

    Volviendo a la historia... ¡otra nueva obra! Cuando mencionas que Nirek recuerda haber salvado a la protegida, empecé a darle vueltas a la cabeza a ver si estaba conectado con otro relato anterior, pero creo que al final no, ¿verdad? ¿O me he despistado? (Esto no me lo perdonas jaja).

    Como me hablaste de mitología egipcia el otro día lo he imaginado todo con música del antiguo Egipto en mente, estaba chulo :) Me gusta la idea de que aquí no recurras a la acción, sino a una persona que se ha ganado su recompensa no por fuerza sino por bondad. ¡Muy bonita moraleja! Esperemos que logre salvar a su hermana a tiempo ^^

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    1. ¡Me alegro de que te haya gustado! Hice la descripción lo más clara posible para que no diera pie a errores, aunque en el caso de estas criaturas pueden tomar esa forma (¿será una pista sobre la criatura?).

      Las tildes son mis eternas enemigas y en el caso de este relato estaba tan satisfecho con el resultado que no me pare a revisar, tendré que hacerlo con detenimiento. Gracias por el aviso, Leila :)

      Como todos los relatos de Criaturas, este no esta relacionado con ningún relato anterior. Tranquila, no te has vuelto loca jaja No hay nada que perdonar, si eres mi fiel lectora :3

      Aquí hay un pequeño error, el relato de mitología egipcia es el anterior a este, "La devoradora de corazones". Voy a darte otra pista, la criatura de este relato pertenece al folclore hindú.

      Estoy particularmente satisfecho con este relato, no diré que es mi mejor creación pero resalta desde luego. Lo logrará, tenlo por seguro ^^

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  2. 😢😢😢😢😢😢😢😢😢😢😢

    Erean mitad serpiente , mitad humanas?

    Porque tan triste ,si eatas viendo que la mona es sentimental y tu que la pones a que por poco y llore 😭😢.....


    Que bonito relato hacer todo lo posible para salvarle la vida a tu hermana 😍😍
    Hacer todo lo posible .... arriesgar su propia vida ....
    Creo que esas historias aun se cuentan , no se si sean parecidas alas de Mexico pero en algo coiciden....


    Muy bonita , es de las que mas me ah gustado , es mas esta es mi preferida 😍😍😍😢

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