lunes, 11 de julio de 2016

Relato - El asesino de elefantes

Estaban junto al agua, cerca de su pantanosa superficie. Doce eran los que bebían del lago, calmando su sed tras la larga caminata. Todos eran enormes, imponentes, gigantes de tersa piel gris y prominentes colmillos. Solo uno destacaba entre sus congéneres, una hembra grande de porte majestuoso y sabio.
Una gran hembra, gris como todos sus congéneres pero nunca igual a ellos, pues su cuerpo surcado con las cicatrices de numerosas batallas la marcaban como guerrera, como la protectora de la manada que ahora era suya. Solo uno de sus colmillos estaba intacto, el otro, partido en un corte desigual, lo perdió tiempo atrás. Nadie podía ganar todas sus batallas y su colmillo quebrado era la prueba que lo demostraba, un sacrificio que hizo por el bien de la manada.
Los suyos pastaban tranquilamente junto al agua, sabiendo que su seguridad estaba a salvo con ella. Notó el peligro mucho antes de que se mostrase, lo notaba en el aire, en las ondas en el agua que se acercaban cada vez más. Gruñó para alertar a la manada, pero ya era tarde. Un violento chapoteo anunció su presencia y, acto seguido, cayó sobre la hierba, rugiendo con ferocidad al ver a la manada.
Ahí estaba, el temor hecho bestia. Su mayor pesadilla frente a ellos, el sanguinario asesino que había diezmado su número en los últimos meses. Todos a una corren en estampida, su instinto les ordenó huir y, ciegos a él, no dudaron en obedecer. Solo uno se quedó atrás, la gran hembra, la única que debía presentar batalla. Era su deber y la de otros antes que ella, así debía ser.
La elefanta soltó un sonoro barrito de su trompa, la bestia le respondió con un rugido colérico. No era la primera vez que ambos se enfrentaban, a él le debía su colmillo roto. Era tan grande como ella, su cuerpo estaba recubierto de una piel verde pálido, de un color enfermizo, tan resistente como una armadura. Un blanco cuerno de dos metros remataba su rostro, de un color mortecino como el hueso, artífice de las vidas arrebatadas. Sus mandíbulas, con dos amenazadoras filas de serrados dientes, habían probado la sangre de muchos elefantes. Cuatro fuertes patas sostenían su pesado cuerpo y una larga cola como la de los cocodrilos arrastraba.
Tras otro intercambio de sonidos, su titánico rival carga contra ella con el cuerno por delante. La hembra esperaba la embestida, sabiendo que contra un enemigo como ese la fuerza no le serviría de nada. Solo la gran virtud de su raza, la paciencia, será su aliada en la batalla. La tierra temblaba con cada pisada de su oponente, la rabia y la sed de sangre guiaban cada uno de sus movimientos.
Cuando estuvo a pocos pasos de ella, tan cerca que poco tardaría su cuerno en alcanzarla, la elefanta preparó su poderosa trampa y golpeó con fuerza a su rival en la cabeza. La violencia del ataque lo echó a un lado y se detuvo, pero el paquidermo no tendría piedad con quien no la tenía con los suyos y arremetió con su cabeza al costado de la bestia, intentando volcar a su temible oponente. Era demasiado pesado, su enemigo se movía con violencia y rugía, sin ceder ni un centímetro al empuje de la elefanta. La bestia clavó sus patas en la tierra, con tal fuerza que parecían fundirse con ella y se hundían como si fuesen las raíces de un árbol.
La elefanta no se rindió en su intento de tumbar a la bestia y empujó más y más, pero la ira le dio a su oponente una fuerza mayor a la suya y resistió la feroz acometida. Con un feroz rugido, la bestia golpeó con su cola cual látigo y este restalló contra la cabeza del paquidermo. El ataque la alcanzó en uno de sus ojos y chilló, retrocedió para recuperarse del ataque y su oponente hizo lo mismo. Nunca imaginó que fuera tan fuerte, sin duda era una bestia implacable y un feroz rival.
Sabía que la bestia temía su trompa y su único colmillo, lo único que la salvó en combates anteriores. Antes de que la elefanta pudiera recuperarse, su temible adversario se lanzó a por su colmillo intacto y lo atrapó entre sus mandíbulas. La arremetida fue tan fuerte que tiró de su cabeza hacia abajo y la tumbó, haciendo que su pesado cuerpo cayese a tierra. El paquidermo no podía levantarse, el terror se apodera de ella y barritos temerosos surgieron de su trompa, pero era inútil. La bestia la sujetaba al suelo con una de sus patas y le aplastaba la cabeza mientras mordía con saña el colmillo, no pareció percatarse de la trompa de su adversario, que enroscada a su cuello, trataba de asfixiarle.
Finalmente el colmillo cedió a los dientes de la bestia y el crujido del hueso se produjo, la sonora predicción del principio del fin. La bestia arrancó la mayor parte y la arrojó a un lado, rugiendo pletórica por haber desarmado a su oponente; pero el elefante no había dicho su última palabra, la desesperación le dio fuerzas y consiguió quitárselo de encima. Intentó alzarse en sus patas pero ya era tarde, nunca llegó a incorporarse.
Con una feroz embestida, el cuerno de su rival se hundió en su cuerpo hasta la mitad, la elefanta chilló al sentir su estómago desgarrarse. La bestia rugió con salvaje alegría al saberse ganador una vez más, el paquidermo sabía que su final estaba próximo pero se negaba a aceptarlo, debatiéndose con la fuerza de la desesperación. Ya no podía levantarse, el cuerno de su adversario se hundía profundamente en su carne. El asesino, no feliz con haberla herido de muerte, empujó una última vez y sacó el cuerno, la sangre fluyó a borbotones de la herida y empapó de rojo carmesí la hierba.
Ella estaba en las últimas, notaba el frío de la muerte apoderándose de su cuerpo, lenta pero inexorablemente. Una nueva embestida de la bestia, está vez en el cuello de la maltrecha elefanta, puso fin a su vida con un bramido agónico que acabo en gorgoteos, se ahogó en su propia sangre.  La trompa cayó inerte al suelo y después su cabeza la siguió, la bestia había vencido.
El vencedor colocó ambas patas sobre el cadáver y rugió con fuerza, proclamando su triunfo en la batalla y, acto seguido, clavó los dientes en su presa y se deleitó con la carne, desgarrándola con ferocidad. La sangre ya había cubierto de rojo la tierra a su alrededor y había llegado al río, ensuciando la pureza del agua con el carmesí del líquido vital.
No pudo hacer nada, solo observar el enfrentamiento desde la seguridad de los árboles. Otro gigante de la selva cayó frente a sus ojos, y con ella, sus esperanzas de dar caza a la bestia. ¿Cómo luchar contra aquel monstruo si ni siquiera una elefanta pudo? Solo fue un mudo testigo, el único que vio a aquella valerosa hembra luchar con todas sus fuerzas y perecer en el combate.
Ya había visto suficiente, no podía seguir viendo cómo tan magnífico animal era despedazado de esa forma. Solo le quedaba una cosa por hacer: avisar a los suyos y decirles que la leyenda era cierta, contarles que el asesino de elefantes no solo era real sino que él mismo vio cómo se cobraba una víctima más. 

6 comentarios:

  1. ¡vaya! Al principio pensé (y en el fondo lo sigo haciendo un poco) que el rival es un rinoceronte... ¿ no es el caso?

    En todo caso me ha parecido un cambio en cuanto al estilo de tus relatos, pasando de la ciencia ficción a un combate realista entre dos bestias.
    Cuando dijiste selva me rallé un poco porque rinocerontes no hay... pensé que era una sabana o algo por el estilo jaja así que será otra bestia.

    En cuanto a la elefanta, me resultó grato constatar que es hembra la fuerte de la manada ^^ Es un poco mi Saaeva pero con algo más de sabiduría (ya entenderás cuando leas jeje)

    Triste final pero inevitable, el "rinoceronte" la venció. En cuanto al testigo del final, ¿es un humano?
    Mira que al principio (antes de la teoría del rinoceronte) pensé que el rival sería un hombre (el mayor depredador de los tiempos) pero al final resulta ser un combate entre bestias del reino animal salvaje.

    ¡Buen trabajo! Una lectura que cambia de aires :)

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    1. Podría ser perfectamente (de hecho parte de la descripción encajaría con un rinoceronte, solo una parte) pero no es el caso.

      La verdad es que estoy muy orgulloso de este, me costó lo suyo escribirlo por el estilo que tiene (quería que quedara solemne y con un tinte de epicidad, creo que lo consegui xD). Lo único seguro es que cerca hay un río y que la criatura sale del agua.

      Casi la cago con el dato de la elefanta (de hecho uno de mis colaboradores, Masacre, me corrigió ese dato). Ya estamos con los spoilers jaja

      Me dio un poco de penita matar a la elefanta, pero era necesario para el relato. En efecto, era un hombre. Ese era el truco, quería que pareciese un relato entre la elefante y la bestia pero que al final hubiera una sorpresa, y esa es el hombre como testigo de la cruenta batalla.

      ¡Me alegro de que te haya gustado! Recuerda que si algo caracteriza esta serie es el cambio de registro continuo en cada relato :)

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    2. ^^ Totalmente!

      La verdad que cuando te leo me inspira mucho porque es muy diferente escribir siempre sobre los mismos personajes e historia (a quienes adoro por supuesto) y luego ir relatando historias que no tienen nada que ver! Otra forma original de estimular la imaginación :)

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    3. Me alegro mucho de que digas eso, Leila ^^. Como yo no veo no es gran cosa, ya sabes que la relación entre un relato y otro de la serie Criaturas es la estructura: escribo un relato en el que aparece una criatura especifica pero nunca digo cual es, aunque si que dejo pistas para el que los lectores puedan adivinarlas.

      Es como bien dices, es una buena forma de estimular la imaginación pero tiene sus desventajas, ya que al escribir cada relato de una forma y con personajes/criaturas diferentes, empieza a costarme un poco adaptarme a una misma temática y eso a la hora de escribir historias es un pequeño-gran problema xD

      Por suerte la serie Criaturas va a ser larga (muy larga), así que aún quedan un número considerable de relatos, tantos como criaturas interesantes encuentre :)

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  2. Hola, Jasp.

    Definitivamente has tratado de innovar con este relato respecto a los tuyos anteriores. Habíamos tratado todo tipo de temas pero nunca antes habíamos relatado una lucha tan peculiar.

    La elefanta murió con mucho honor, ya lo creo, temible por sus enemigos pero querida por sus allegados. Es sorprendente que un animal de tantas toneladas fuera derrotado, así sería el asesino de elefantes...

    He tenido que saltarme algunas líneas, me he aburrido un poco pero está bien redactado. Todo es cuestión de mis gustos personales.

    También quería aportar una sugerencia:
    -''Corrieron en estampida'' - creo que es más correcto, ya que el resto del texto está escrito en pasado.

    Continúa escribiendo, no dejes que la llama de la pluma se apague.

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  3. Porque pense que era otro animal , un rinoceronte , pero en algunas partes dudaba 🤔🤔🤔

    Muy buena , me atrapo desde el principio , pobre elefanta😢😭😭 la hicistes sufrir mucho, aunqud murio siendotoda una guerrera ,💪💪

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