viernes, 29 de abril de 2016

Relato - El protector del bosque

— ¡Qué no se escape!
Era rápido y astuto, una presa difícil de liquidar. Se movía entre los árboles, lo que le había salvado más de una vez de recibir balas destinadas a él. El puma saltó para internarse en la espesura, un nuevo disparo resonó. Su cuerpo cayó sin vida en la hierba, el rojo carmesí regó la tierra a su alrededor.
—Buen disparo.
El cazador se inclinó sobre su presa, admirando el trofeo que le costó conseguir. Había cazado varios como ese, aquel era el más grande hasta ahora. Tampoco es que importara demasiado, no iba a vender su piel ni sacar dinero alguno de sus presas. Solo lo hacía por diversión, una manera de matar el tiempo en el bosque.
— ¿Cuántos van ya? —le preguntó su compañero, al mismo tiempo que se atusaba el corto bigote.
—Este es el sexto —respondió el otro calándose su sombrero gris—. Estoy cansando de cazar pumas, ¿no hay más cosas que matar en este maldito bosque? —protestó mirando a su silencioso guía.
El guía era un hombre mayor, su pelo negro empezaba a mostrar canas por la edad. No estaba de acuerdo con lo que hacían esos extranjeros, matando sin motivo alguno a los animales de su tierra. Pensar en el dinero no era un gran consuelo, lo necesitaba para sustentar a su familia pero ver aquello lo entristecía profundamente. Aquellos pumas no deberían haber muerto, ningún animal tendría que morir por capricho de dos ignorantes furtivos.
—Lo que más abundan son los pumas —contestó el guía con resignación—. No creo que cacen más hoy, los animales se habrán escondido al oír los disparos.
—Ninguna bestia es tan lista —rezongó el del bigote.
Ellos no lo entendían, no comprendían el valor de la naturaleza. Sabía que tratar de disuadirlos era inútil, la gente como aquella no respetaba nada.
Una rama se movió sobre sus cabezas, un sonido que pasó inadvertido para los cazadores pero no para el guía. No quería pensar que fuera él, sería lo peor que podría pasarles. Hacía un rato que notaba el bosque demasiado tranquilo, no se escuchaba ni el canto de los pájaros ni el sonido de ningún animal. Los disparos de los cazadores no serían capaces de provocar aquel silencio, solo había una explicación razonable para ello.
Miró a la rama, pero no vio nada. Sentía como si lo observaran, como si unos ojos invisibles vigilaran cada uno de sus movimientos. Aquello ya había ido demasiado lejos, debía pararlos antes de que fuera demasiado tarde.
—Será mejor que nos vayamos. No es bueno molestar al guardián del bosque.
— ¿Qué bobada es esa? —preguntó el cazador del sombrero entre risas.
—Típico de campesinos, creen los cuentos de viejas como si fueran verdad —se burló el otro riendo con fuerza.
Se esperaba aquella reacción, no tenía que haberse molestado en advertirles.
—Déjate de espíritus, guía. Hemos venido a cazar y eso es lo que haremos.
—Por supuesto —afirmó el bigotudo y acto seguido silbó de buen humor, haciendo caso omiso del aviso.
El silbido del cazador tuvo respuesta, un chillido agudo que retumbó por todo el bosque. Los tres se sobresaltaron al instante, ambos cazadores alzaron las escopetas y apuntaron a los árboles.
— ¿Qué clase de animal es ese? —le preguntó uno de ellos al guía, pero este no le respondió.
Su guía estaba de rodillas y con las manos juntas como si rezara, repetía algo en voz baja, temblorosa y urgente. Ninguno de ellos entendía lo que decía, el guía repetía lo mismo una y otra vez, una sola palabra que ninguno de ellos conocía.
— ¿Qué demonios estará diciendo, Walter? —le preguntó el del bigote a su compañero, mirando alternativamente a su tembloroso guía y a los árboles.
—Ni idea, Samuel, pero este sonido me está desquiciando.
El chillido era cada vez más intenso, era como un silbido increíblemente agudo, un sonido estridente que venía de todas partes a la vez, que se extendía por el bosque como si fuese un espacio cerrado. Era un chillido lleno de rabia, cargado de una locura salvaje y furiosa. Pronto aquel sonido era tan molesto que tuvieron que taparse los oídos, apenas podían oír la incomprensible letanía de su aterrado guía.
Escucharon el crujido de una rama sobre ellos y sin dudarlo abrieron fuego en esa dirección, dispararon varias veces hasta que el chillido cesó. El silencio se apoderó del bosque, un cambio que todos agradecieron.
— ¡Chúpate esa, bichejo! —gritó Samuel eufórico, después miró a su guía—. Levántate de una vez, fuera lo que fuera ya no gritará más.
El guía se incorporó tirado por Samuel, seguía tan asustado como antes. Aquello no significaba nada, él lo sabía muy bien. Si gritaba no había peligro, el problema era cuando se callaba.
—Tenemos que irnos —les pidió el guía una vez más, no ocultó su preocupación en esa ocasión—. Habéis ido demasiado lejos, el guardián no tiene piedad con los furtivos como vosotros.
—Otra vez hablando del dichoso guardián —se burló Walter, miró a los árboles con una expresión burlona—. No hay ningún “guardián”, aquí solo hay árboles y animales. Nada más.
—Déjalo, Walter. Si quiere creer eso que lo crea, mientras nosotros podamos seguir cazando eso no importa.
Un movimiento en los árboles los alertó, apuntaron hacia arriba con sus rifles. Algo saltaba de rama en rama, algo negro y grande, que se movía demasiado rápido para verlo con claridad.
— ¡Es él! ¡Es él! —gritó aterrado el guía y salió corriendo sin mirar atrás.
—Espera —lo llamó Samuel a voces—. Te necesitamos para volver.
No hizo el menor caso. Pronto lo vieron desaparecer entre los árboles, pegando gritos como si hubiera visto al mismísimo diablo. Escucharon sus gritos cada vez más débiles hasta que dejaron de oírlos, ya se encontraba lejos de allí. Nada se oye después de su partida, tal era el silencio del bosque que solo la respiración de los cazadores podía oírse.
—Ese imbécil nos ha dejado tirados —rezongo Walter de malhumor—. Ojala se lo coma una bestia salvaje.
—Que se lo lleve el diablo —gruñó Samuel—. Qué remedio, tendremos que volver por nuestra cuenta.
Con un asentamiento de cabeza, ambos se pusieron en marcha. Se habían internado mucho en el bosque, pero con suerte encontrarían el camino de vuelta al pueblo. Además aún les quedaban muchas horas de sol y balas suficientes para defenderse sin problemas,
El silencio fue su compañero hasta que un pájaro se decidió a entonar su canto, una melodía que ninguno atribuyo a un ave que conocieran. Su canto era agradable, extraño pero agradable, les hacía más llevadero el retorno.
— ¿Crees que lo de antes era un gorila? —preguntó Walter, rompiendo el silencio por primera vez desde que empezaron la marcha.
— ¿Cuándo has visto un gorila saltando árboles? —contestó Samuel con escepticismo, después miró hacia arriba—. Mira esas ramas, no serían capaces de aguantar su peso. Seguramente sería un mono cualquiera.
—Tienes razón. Descansemos un poco, necesito beber agua.
Walter se apoyó en el tronco de un árbol y sacó su cantimplora, no tardó mucho en beber de ella.
—Vaya guía nos hemos buscado —dijo Samuel burlón— y pensar que salió corriendo por un mono.
—Ya te digo —respondió Walter entre risas—. Menuda mierda de…
Antes de que pudiera terminar la frase, antes de que pudiera terminar de insultar al hombre que los abandonó en el bosque, una enorme roca cayó sobre su cabeza. El cuerpo de Walter se desplomó de golpe, privado de vida al morir su dueño.
— ¡Walter!
Samuel se arrodilló junto a su compañero caído, pero ya era tarde. Movió la roca con esfuerzo, lo que encontró fue la cabeza sangrante de su compañero. La roca le había abierto la cabeza, la sangre emanaba de su frente en abundancia. Walter no tuvo tiempo de reaccionar, murió con los ojos abiertos, ni siquiera pudo mudar la expresión de su rostro.
El chillido que hizo correr a su guía volvió a repetirse, pero esta vez era diferente. No era como un chillido enloquecido, más bien parecía una risa eufórica pero seguía teniendo ese matiz salvaje y la misma potencia ensordecedora. No sabía qué demonios hacía ese sonido, si era el famoso guardián del que les había advertido el guía pero de algo estaba seguro: era peligroso, más de lo que él solo podía enfrentar.
Cargó su rifle y apuntó a todas partes, intentando localizar a la bestia que había matado a su amigo pero, igual que la vez anterior, el chillido estaba en todas partes y en ninguna, era imposible localizar de dónde provenía exactamente.
— ¡Sal, maldita bestia! —gritó Samuel llenó de ira, mirando a los árboles en busca de cualquier señal que le diera una pista de su enemigo—. ¡Acabaré contigo, ¿me oyes?! ¡Te cazaré y colgaré tu cadáver en la entrada del bosque para que todo el mundo lo vea!
El chillido cesó de nuevo, Samuel esperó paciente al agresor, listo para llenarle de plomo. El rugido de un jaguar lo sobresaltó, había sonado cerca, demasiado cerca. Al primero le secunda un segundo y a este un tercero. Samuel maldijo su suerte y salió corriendo, dejando atrás el cadáver de Walter.
Los escuchaba detrás de él, pisadas fuertes, rápidas.  Samuel rezaba por ser más rápido que los jaguares, no le esperaba un final agradable si lo cazaban, de solo pensarlo el terror se apoderaba de él, envidiaría al pobre Walter si ese era su final.
Veía la luz al final del bosque, la salida estaba cerca. Al fin tenía algo de suerte.
«Lo siento, viejo amigo, pero no pienso morir todavía»
Corrió todo lo deprisa que pudo, confiaba en que alguien lo ayudará cuando vieran los jaguares. Unos pocos pasos más lo llevaron a la salida, pero no vio lo que esperaba. Clavó los pies con fuerza en la tierra, tuvo suerte de poder parar a tiempo. Un acantilado se extendía a sus pies, una caída de varios metros que mataría a cualquier cosa que cayera desde allí.
« ¡Joder!» maldijo para sus adentros.
Ya no tenía a donde correr, ese era el fin del camino para él. Si moría al menos daría lucha. Samuel iba a darse la vuelta cuando sintieron que algo lo empujaba por detrás. No sintió colmillos ni garras, lo que sintió fue…
— ¿Qué cojones…?
Samuel se precipitó al abismo, pero fue el único que cayó. Sabiéndose muerto lo último que le quedaba por hacer era ver a su asesino y así lo hizo, giró en el aire para verle. Lo que vio no era lo que esperaba.
Era una especie de mono peludo y negro, con manos grandes y primitivas, demasiado grandes para ser humanas y demasiado pequeñas para ser las de un primate. Su rostro era gris como la ceniza, el resto era todo negro. Sus ojos oscuros lo observaron caer con siniestro placer, le sonrío con una sonrisa llena de dientes amarillentos, una sonrisa cargada de fiereza y locura salvaje.

6 comentarios:

  1. ¿Pero qué...? Reconozco que me he metido en la historia de Tarzán, y los protas eran Clayton jaja Pero bueno, al final no es un hombre furibundo el que sale a cargarse a los cazadores sino... ¿un gorila extraño? No conozco esa criatura mitológica o lo que sea salvo King Kong jaja

    En todo caso, un ambiente muy diferente, ¡eso me gusta! ^^

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    1. Me alegro de que te haya gustado, siempre es un placer saber tu opinión ^^

      La verdad es que has tenido que decirme tu el parecido de los cazadores con Clayton para que me diera cuenta xD Este relato me ha llevado más tiempo de lo usual por como está escrito, en cada relato me gusta meter cosas nuevas y en este quise innovar en mi estilo para variar jaja

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  2. ¡Anda! Esta vez no se cuál es la criatura mitológica de la que se trata jajaja.
    Buen relato, me gustó :) Los dos cazadores mataron por diversión a los pumas y, por lo que entendí, esa criatura casi que también lo hizo con ellos al reirse y mostrar una sonrisa..
    jaja ¿Te gustan los bosques y los callejones verdad? e.e
    Seguiré leyendo :)))

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    1. No te preocupes por eso, esta era de las difíciles xD
      Me alegro mucho de que te gustase, siempre es agradable ver que mis relatos son del agrado de los lectores :)

      Podría decirse que si, el título te dará una pequeña pista; pero sí, es una forma de verlo validad jeje

      Que va, todo es mera coincidencia xD Eso eso, disfruta de la lectura :))

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  3. ¡Aquí estoy de nuevo, Jasp!

    Sin duda, este es de los relatos tuyos que más me han gustado. Como para Bécquer una de sus constantes es la pupila para ti una de tus constantes es la palabra ''asesino''.

    Imagino acción en el bosque, saltos, carreras, alguna que otra caída (aunque no se mencione)... He vivido una especie de aventura en la que un individuo similar a Tarzán estaba presente, sólo que con una apariencia mucho más atroz.

    Buen final para el cazador, nada mejor que una buena pedrada para una mente hueca. El otro personaje debió de sufrir bastante en su huida. Debe de ser horrible tratar de escapar de una criatura desconocida.

    Aunque la historia me ha agradado bastante te voy a corregir algunos fallos mínimos y si me lo permites te voy a aportar una sugerencia:

    -La sugerencia es esta: ''Samuel se arrodilló junto a su compañero caído pero ya era tarde. Bajo la roca se encontraba la cabeza abierta y sangrante de su compañero, su frente estaba teñida de un intenso color rojo''. En vez de: ''Samuel se arrodilló junto a su compañero caído, pero ya era tarde. Movió la roca con esfuerzo, lo que encontró fue la cabeza sangrante de su compañero. La roca le había abierto la cabeza, la sangre emanaba de su frente en abundancia''.

    -''Pero no vio lo que le esperaba'', en vez de ''pero no vio lo que esperaba'' (aprecio perfectamente que es una errata).

    -''¡Joder!'' - se te fue un espacio con las comillas (errata).

    -Ya no tenía a dónde correr – con tilde.

    Gracias por recibir mis críticas y opiniones, para mí es todo un placer. Continúa haciendo disfrutar.

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  4. 😎 este si savia cual era ....
    Eii a ti que te pasa cortas los cap. Relatos asi sin mas ??
    Una bien entrada en la drama y tu asi sin mas la dejas ....

    Me gusto mucho , no hubiera adivinado si no lo hubiera escuchado antes ....

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