jueves, 3 de marzo de 2016

Relato - Beso mortal

Los callejones estaban oscuros. La luz de las farolas se tornaba tenue y tintineante, arrancando el reflejo de una sombra en las paredes. Pasos apresurados volaban de callejón en callejón, huyendo como alma que lleva al diablo. Una respiración ahogada rompía el silencio. Corría con tal apuro que el aire se escapaba de sus pulmones, al igual que él lo hacía del miedo que lo acongojaba.
El chico corría con desesperación, no pensaba en nada más. Debía huir lejos, esconderse en algún lugar donde no lo encontrara. Desaparecería de la ciudad si era necesario, se ocultaría donde hiciera falta, haría cualquier cosa para ponerse a salvo. Llevaba mucho tiempo corriendo, quizás demasiado; pero no le importaba.
Dobló una esquina, entonces chocó con algo duro. La fuerza del choque lo tiró hacía atrás. Un gruñido molesto le indicó que había chocado con alguien.
—Mira por dónde vas, niñato.
Levantó la vista para ver quién era. Soltó un taco en voz baja, maldiciendo su mala suerte. Era un chico alto, rubio, vestido con una chupa de cuero y con un collar de oro al cuello; un par de cadenas adornaban sus vaqueros, rotos en las rodillas y en los bajos; sus zapatillas parecían caras, seguramente no las habría pagado. Parecía muy molesto, sus ojos marrones no mostraban ningún rastro de amabilidad, dos pendientes de lo que parecían diamantes de imitación adornaban sus orejas.
El pandillero lo cogió del cuello de la camiseta y lo levantó con brusquedad.
—Deberías tener más cuidado, ¿no te parece? —lo tenía bien sujeto, pero ese no era el problema. Lo que verdaderamente le preocupaba era su expresión agria, la misma de alguien que está acostumbrado a emprenderla a golpes a la mínima oportunidad—. Te he hecho una pregunta. ¿Estás sordo o qué?
—Lo siento, no te vi —trató de disculparse él, bajo la voz fingiendo sumisión. Había aprendido hace mucho tiempo que ese truco funcionaba con tipos como ese.
—Ya me di cuenta, capullo —respondió de mal humor.
Le tiró al suelo y se apretó los puños, escuchó perfectamente como le crujían los nudillos. No tenía tiempo para eso, si no se daba prisa…
—Perdona, tío —se disculpó de nuevo y se levantó del suelo. Lo miró a los ojos, aun sabiendo que era una mala idea—. He tenido un mal día y puede ir peor sino te quitas de en medio.
—Me importa una mierda cómo haya sido tu día. Ahora estate quieto y no me pasaré demasiado.
El chico no le contestó. Pasó por su lado sin mirarle, esperando que si le ignoraba lo dejaría en paz. No había dado ni tres pasos cuando notó que lo agarraban por detrás y le tiraban con fuerza el suelo. Si tenía alguna esperanza de librarse, la perdió cuando el pandillero sacó una navaja.
— ¿Cuál es tu problema? —Le escupió el pandillero, furioso, apuntándole con el fino acero—. Primero te chocas conmigo y luego intentas largarte. Necesitas que te enseñen una lección, imbécil.
— ¡Déjame en paz, gilipollas! —gritó el chico, temiendo que se le estuviera acabando el tiempo. Había perdido unos minutos preciosos por culpa del pandillero y no sabía cuánto le quedaba. Se levantó una vez más y lo miró enfadado, le tenía más miedo a aquello de lo que huía que a ese tipo—. ¡No puedo perder el tiempo con un imbécil como tú!
El pandillero no respondió enseguida. Sonrió de forma irónica y avanzó lentamente hacía él, sus ojos lo miraban burlones. La amenaza podía verse en el fondo de su mirada.
—Ahora si la hiciste, chaval.
No le dio tiempo a retroceder. Antes de que se diera cuenta el otro chico estaba frente a él, sujetándolo del cuello, preparado para rajarle con su navaja. Solo tenía que mover un poco el brazo y…
—Te encontré.
Ambos se quedaron clavados en el sitio: el chico por el miedo al reconocer aquella voz, el pandillero por lo inesperado de la voz. Había sonado una voz dulce, clara, cristalina, alegre. El chico no quería mirar, sabía muy bien lo que iba a ver; pero el pandillero desconocía el peligro y la miró.
Detrás de ellos había una chica, de apariencia tan inocente que un callejón sería el último lugar en que esperaría verla. Su cabello era corto y rubio, caía en sus hombros como una cascada dorada; vestía una blusa blanca con una falda negra, corta para que pudieran verse sus esbeltas piernas y sus tacones, negros como la noche. Sus ojos eran azules e inocentes, tan claros como el cielo despejado. Parecía una chica perdida, una que lucía especialmente vulnerable.
El chico quiso retroceder, alejarse lo antes posible de allí, pero el pandillero lo tenía bien agarrado el cuello y, aunque su agarre había disminuido, seguía cogiéndolo con fuerza. El semblante del pandillero reflejaba rabia, mucha más que antes.
—No te metas, a no ser que quieras saludar a esto —la amenazó levantando la navaja, de manera que fuera perfectamente visible para ella—. Cuando acabé con él me encargaré de ti.
—Él es mío –respondió la chica con voz cristalina. Miró al chico directamente a los ojos, sonrió cuando sus ojos se cruzaron y, sin prestarle ninguna atención al pandillero, volvió a hablar—. Será mejor que lo dejes tranquilo. Alguien como tú ni siquiera le hace sombra.
— ¡Vete de aquí! —gritó el chico asustado, consciente de lo que sucedería a continuación. Podía ver su destino en los ojos de la chica, lo que ella tenía pensado hacerle. Movido más por el miedo que por lo que pudiera pasarle al chico, intento soltarse—. No tienes ni idea de…
— ¡Silencio!
Conforme lo tenía cogido del cuello lo tiró a un lado, haciendo que se chocará con la pared. El chico cayó al suelo por el golpe, aguantó un quejido de dolor. Se había dado con fuerza en la cabeza, su visión estaba salpicada de pequeños puntos negros.
—Eso te enseñará a callarte —gruñó el pandillero de mal humor—. En cuanto a ti…
Se le congelaron las palabras en la boca. La chica estaba frente a él, su cara estaba muy cerca. Vio sus ojos y tembló, un escalofrío silencioso le recorrió las entrañas. Sus ojos, que en un primer momento le parecieron azules, eran de un negro profundo, tan oscuro como la boca de un pozo, tan tenebroso como las mismas tinieblas.
Ni siquiera la había visto moverse, en un momento estaba a varios pasos y al siguiente ya la tenía encima. El pandillero retrocedió inmediatamente, movido más por su instinto que por su voluntad.
—Eso no ha estado bien —su voz ya no era amable, estaba teñida de una ira silenciosa. Se acercó a él, tan cerca que sus cuerpos casi estaban pegados—, nada bien.
— ¿Qué demonios…?
Nunca llegó a terminar aquella frase. Sintió que un frio glacial le oprimía el pecho, como si una garra de hielo estrujase su corazón; después sintió un pinchazo, fuerte y directo, en mitad del pecho. La chica estaba frente a él, sus ojos negros lo miraban, inescrutables. Sentía su cuerpo pesado, lo único que lo mantenía en pie era la chica pero esta no parecía sujetarle. Solo estaba allí de pie, mirando su pecho, con una sonrisa perversa en su rostro.
La chica acercó su cara a la suya. Sus labios casi rozaban sus orejas.
—Debiste hacerle caso —le susurró al oído, tan bajo que apenas la oyó. Su voz era como una caricia. Notó un dolor agudo en el pecho—. Esto ha sido culpa tuya.
Todo ocurrió demasiado deprisa. De repente la sangre comenzó a emanar fuertemente de su pecho, como un torrente desbordado. La mano de la chica era completamente roja hasta la manga de su blusa, empapada de rojo carmesí hasta la mitad. Miró incrédulo su pecho antes de caer, lo último que pudo ver fue un agujero del tamaño de un puño.
El cuerpo del pandillero cayó al suelo con un golpe sordo, como un muñeco sin vida, como una máquina que hubiese dejado de funcionar; y el chico lo había visto todo. No hizo nada, fue incapaz de moverse mientras veía el sádico espectáculo, mientras ella mataba al otro como si no fuese más importante que una mosca. Ella era así, no tenía piedad ni compasión, la vida solo era algo de lo que podía sacar diversión y placer.
La chica la miró con siniestra alegría. Se llevó la mano ensangrentada a la boca y se chupó un dedo con macabra inocencia, casi con lascivia.
—No me mires así. Te acabo de hacer un favor —dijo burlona, lamiéndose con cierto placer hasta la última gota de sangre de su mano. No quería mirarla a los ojos. Su sonrisa era más amplia, casi podía verlos sobresalir de su boca—. Por fin estamos solos.
Sabía muy bien lo que significaban esas palabras, inocentes en apariencia pero con un significado muy distinto. Para él fueron como una puñalada, como si le hubiese atravesado el pecho igual que al pandillero. El chico la miró con miedo.
—No —la voz del chico contenía un gran espanto, consciente de lo que ella iba a hacerle—. Por favor, no lo hagas.
—Ven aquí.
Pensó que podría escapar, que aún no era tarde, que si era lo suficientemente rápido aún podía salvarse. Se equivocaba. Ella se lanzó sobre él tan rápido que no le dio tiempo a girarse. Su cuerpo, delgado y débil en apariencia, era fuerte y pesado. Lo había inmovilizado en un gesto tan sencillo como sentarse encima de él, ni siquiera tuvo que esforzarse.
Si alguien hubiera pasado por allí creería ver una pareja en un momento de pasión, verdaderamente es lo que parecía. El chico tumbado en el suelo, la chica sobre él, sentada en su estómago, con sus piernas entorno a su cuerpo, sujetándolo en una postura sensual. La escena parecía una cosa, la realidad era otra distinta.
El chico estaba paralizado, no podía apartar los ojos de ella. El cabello rubio le caía a ambos lados; la blusa le quedaba ceñida, marcando su cintura; su sonrisa era amplia, radiante, perfecta; y sus ojos, esos ojos que antes fueron azules e inocentes, esos ojos que se tornaron negros como el abismo, ahora mostraban un sentimiento más salvaje. Sus ojos eran de un rojo carmesí ahora, como si la misma sangre estuviera en el fondo de su mirada. Había mucho más que hambre en sus ojos, una mezcla de emociones demasiado intensa para ser falsa: deseo, lujuria, hambre, y, oculto por todos ellos, el sentimiento más inocente, el único que él había deseado, el amor.
Era hermosa, no podía negarlo. Había deseado tantas veces que aquello mismo sucediera, que ella se tumbase encima, que solo lo mirase a él. Su deseo se había cumplido de la forma más retorcida posible, de la única que jamás se habría imaginado y, ahora, ya era tarde para él.
Ella lo miraba, sabiéndose ganadora de su propio juego. Él no podía correr más, se resignó a su destino. Le dio una oportunidad de escapar, de negarse, de seguir como hasta ahora; y había fracasado. Intentó huir, buscar un sitio donde esconderse, un lugar donde ni siquiera ella pudiera encontrarle hasta el amanecer; pero no lo había conseguido. Lo único que le quedaba era resignarse y esperar que fuera rápido. Dejo caer los brazos a ambos lados, preparado para el final.
Como tantas otras veces, él estaba atrapado; como tantas otras veces, ella consiguió lo que quería; y, por última vez, él no sería capaz de detenerla.
— ¿Estás preparado?
Él no respondió. Sabía que su respuesta no cambiaría nada, que dijera lo que dijera ella no se echaría atrás. Ella ya había tomado la decisión por él.
—Hazlo.
Su sonrisa se hizo más amplia. Sonreía satisfecha, feliz. Vio sus colmillos, pequeños y afilados, listos para él.
Ella se acercó a él, despacio, y le besó. Fue un beso dulce, lento, lleno de significado. Su boca sabía a sangre pero no le importaba, pronto nada le importaría. Él la cogió de la cintura, ella se acercó más a él. Sentía que aquel beso sería el último, sabía que no era cierto pero, de alguna manera, era verdad. Él la cogió de la cintura, ella pego su cuerpo al suyo, su piel contra la suya, tan cerca que podía oír su corazón latir.
Cuando se separaron, ya estaba listo. Ella lo vio en sus ojos, vio que la aceptaba por lo que era, que no le importaba lo que estaba a punto de hacerle, que entendía porque lo hacía.
—Te prometo que será rápido.
Se pegó más a él, buscando su cuello. Notó sus fríos labios sobre su piel, sus besos siempre le hacían estremecerse. Primero un beso, luego otro y, al tercero... Tenía que decírselo, necesitaba decírselo por última vez.
—Ellie.
— ¿Si, Mel? —le susurró ella al oído. Habría notado su aliento si lo hubiera tenido.
—Te quiero.
Ella no le contestó, pero podía imaginársela sonriendo.
—Yo también —el silencio no era tenso, ni incómodo. Era tranquilizador, lleno de promesas, la promesa que ella le hizo tiempo atrás—. Ahora estaremos juntos…para siempre.

8 comentarios:

  1. ¡Vaya! Cambia mucho de la historia de John, y la verdad que este relato me ha sabido captar el interés desde el principio. Ya con adrenalina, Mel está huyendo de algo o alguien que no sabemos, y el hecho de pensar que es algo peor que la paliza que le prometía el pandillero, deja un presentimiento muy malo.

    La cuestión es... ¿Mel ahora será un vampiro como ella, o muere desangrado? Entiendo que lo primero puesto que le dice ella que estarán juntos para siempre.

    Me ha gustado el detalle de los ojos que van cambiando de color según su estado de ánimo ^^

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  2. Me alegro de que te gustase, Leila. Después de la historia de John quería crear algo nuevo, mejor dicho, quería darle un enfoque diferente a algo sobre lo que ya se ha escrito. Como has visto bien, la criatura de este relato era una vampiresa; pero en ningún momento digo que lo sea, solo doy pistas sobre lo que puede ser.

    Esa era la sensación que quería que trasmitiera el relato, tensión desde el primer momento. Me preocupaba un poco que no saliera bien, pero veo que no tenía de que preocuparme :)

    Eso es algo que dejo a tu elección, si esa es tu respuesta entonces es correcta. El detalle de los ojos es información de primera mano, un pequeño extra para darle un toque único al relato ^^

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  3. Se me olvido decir en que consistiría esta nueva serie, mejor tarde que nunca dicen xD

    Esta nueva serie consistirá en relatos individuales en los que aparecerá una criatura sobrenatural, pero no diré en ningún momento cual (aunque quien haya leído los 3 primeros ya se habrá dado cuenta de eso). En cada relato doy pequeñas pistas sobre la criatura, ¿seréis capaces de adivinarlos? Os animo a intentarlo, disfrutad de la serie "Criaturas" :)

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  4. Me ha gustado mucho el relato, es muy intrigante el saber que pueda ser peor que una paliza de un pandillero peligroso. No me esperaba una muerte tan sangrienta para el agresor, quizá algo gore jaja
    Veo algunas similitudes con los relatos en "Asesino", como los callejones oscuros, es decir, el escenario donde se relatan los hechos, en general; un persojane frío, Ellie, al asesinar a sus víctimas al igual que John en algunos relatos; y un personaje algo sórdido y miserable, el pandillero, al igual que algunos en "Asesino"; y gusto especial por los nombres en inglés jajajajaja.
    Por cierto, aprecio que haya más descripción de los personajes que en "Asesino" :D
    Como ha dicho Leila arriba, yo también me pregunto si Mel se convertirá en un vampiro o no...

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    1. Me alegro mucho de que te haya gustado, Patricia, de verdad :)

      Al ser el primer relato es inevitable que aún tuviese el estilo de "Asesino" todavía, los nombres en inglés me atraen un poquito demasiado jaja y Ellie está basada (solo un poco, pequeños detalles) en un personaje, pero no diré más jeje. Me alegro de que te haya gustado más el nivel de descripción en Criaturas, te aseguro que en cada relato mejora :)

      Bueno, digamos que deje una pequeña pista en las últimas palabras de Ellie... ;)

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  5. No te he redactado un comentario bien enlazado porque hoy me parecía una buena idea ir escribiendo diversas ideas que me pasaban por la cabeza mientras iba leyendo tu relato (además creo que así queda más realista y menos forzado por mi parte aunque en el plano de la expresión mi comentario sea más dañino que ver ''gayina'' escrita así):

    -¡¡Cómo se nota que eres el mismo que escribió ''Asesino''!! ¡¡Madre mía el comienzo parece de la misma historia!!

    -Sí que estaba asustado el protagonista de lo que huía, a mí me sacan una navaja y precisamente no me paro a insultar jajaja.

    -Me encanta esa manera sensual de chuparse los dedos de los vampiros (no, en Crepúsculo NO), haber visto Vampire Knight afecta demasiado.

    -¡¡¡¡¡''Casi con lascivia.''
    -''—No me mires así. Te acabo de hacer un favor —dijo burlona, lamiéndose con cierto placer hasta la última gota de sangre de su mano.'' - Grrr!!!!!

    ''Si alguien hubiera pasado por allí creería ver una pareja en un momento de pasión'' - con esta parte me reí, sé que suena absurdo, pero me hizo mucha gracia.

    -La música en la escena en la que el protagonista va a ser ''besado'' que pasó por mi mente fue esta: https://www.youtube.com/watch?v=rOjHFwBu1fo&index=24&list=PLD0076C47A1624000 (por favor, escúchala y dime que no estoy loca >.<)

    Aunque tus historias sean simples me gusta el modo en el que escribes, es interesante y la lectura de tus relatos se me hace amena.

    Un saludo ¡A seguir así!

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  6. 😮🙂
    Muy buena historia , me engancho desde un principio , saver de que era , apensar de que no soy muy de historias de vampiros , creo que es muy buena me ah gustado espero los siguientes capitulos , me enganchen mas...

    Felicidades haces muy buenos trabajos ..👏👏

    Espero algun dia tener un libro tuyo ..🙂

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