jueves, 3 de diciembre de 2015

Poesía - Piel de seda

Cielos abiertos ante mí
veo, como mundos nuevos
que a descubrir me atrevo.

Zancadas doy de gigante
y muevo continentes con mis
vientos protestantes.

El negro de sus ojos remueve
mis entrañas, suspiran mis manos.
Llueven lágrimas.

No pudo ser.
No dejó que mi huella fertilizase
su corazón seco y encogido.
No debió ser.

Me abandonó mi ser en un estanque
helado y sombrío.
No pude amar.
Se escapó su abrazo de mi espíritu
maldito.
No debí amar.

Vi cabellos tocados por los dioses
compitiendo con el fulgor de la luna.
Una piel de seda, unas manos calientes
y todo su ser divino, blanco como la espuma.

Más bello que la aurora,
más alegre que la primavera,
más alto que el fresno
y más tierno que la ternura.

Cogí la flor de invierno
y la regué con piedras en punta
desdeñé el aprecio del labio
y mi labio cerró su gruta.
Debí amar con alma y piel
mas no pudo ser.

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